Agosto de 1937. Huida de las minas de Rodalquilar (Almería) e incorporación al ejercito en Madrid. Reencuentro con San Josemaría

JULIO DE 1937. RETRATOEn una meditación predicada por san Josemaría [el 7 de abril de 1937] en la Legación de Honduras, donde estaba refugiado, comentaba: “Yo padezco por aquellos miembros de la Obra, hijos míos, que están ausentes en la trinchera, en la cárcel, […]. Y Chiqui… ¡con cuánta paz nos cuentan que lleva sus sufrimientos! Tendrá sus cruces interiores pero también, como todos, sus consuelos; esos consuelos que Tú sabes dar. Pido por él y también por todos los que se encuentren en un trance difícil, sin conocerlo nosotros”.

En el diario que llevaba, Isidoro Zorzano recogió los desvelos de san Josemaría, de la madre de Chiqui y sus hermanos para encontrar un lugar a donde trasladar a José María cuando terminase el período de reclusión.

(…) Finalmente, después de cumplir su condena, fue puesto en libertad el 30 de junio de 1937. Se dirigió a casa de Francisco Botella, donde hablaron largamente. El 6 de julio salió rumbo a Alcalalí (Alicante), donde estaba Rafael Calvo Serer, uno de los primeros valencianos en pedir la admisión en el Opus Dei. Aunque fueron días gratos, al ser un lugar poco seguro, pocos días después, regresó a Valencia.

Tras varias gestiones, el 24 de julio optó por irse a trabajar a las minas de Rodalquilar, en Almería, propiedad de su familia, con su primo Gabriel Garnica, ingeniero de la explotación. Ya el 14 de agosto se recibió una carta en Madrid de Francisco Botella, en la que comentaba que José María debía salir de la mina porque había peligro para su vida. Efectivamente, sólo permaneció unas semanas porque los obreros le tendieron una emboscada en la que estuvo a punto de morir. Huyó de noche del pueblo y se trasladó en tren a Valencia.

En el vagón del tren donde tomó asiento, providencialmente, leyó un periódico que estaba en el suelo y allí encontró la noticia del nombramiento de un nuevo comandante de la caja de reclutas de Valencia, que resultó ser un compañero de armas de su tío Isidro, a quien había oído narrar aventuras de ambos. Llegado a Valencia, se presentó en la Caja de Reclutas y pidió hablar con el coronel. El amigo de su tío, al oír su nombre, le recibió muy bien. Después de un rato de conversación recordando los tiempos de la Academia militar, Chiqui le explicó su situación. Decidieron hacer abstracción del pasado y fue incorporado al ejército como si nunca hubiera pasado nada. Finalmente, fue destinado a transmisiones en Madrid, donde llegó el 21 de agosto de 1937.

Cuando Chiqui volvió a Madrid, el comportamiento incontrolado de las milicias revolucionarias en la capital había disminuido considerablemente y se podía circular con más tranquilidad.

El 23 de agosto, a primera hora, fue José María a saludar al Padre, que estaba refugiado en la Legación de Honduras. El encuentro fue de una gran emoción. Charlaron detenidamente y, al final de la conversación, recibió la comunión de manos de san Josemaría.

Selección de ROTURANDO LOS CAMINOS, ed. Palabra, 2012, de D. José Carlos Martín de la Hoz

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