28 de julio de 1935: La llamada de Dios

EL 19 DE MARZO DE 1944Cuenta el propio D. José María: “Tuve la «suerte» de que en el sorteo para el servicio militar que me tocaba hacer ese año, me correspondiese empezarlo en verano (el primero de julio), y con ese motivo tuviese que pasar ese verano en Madrid; por eso y por lo que me animaban, iba bastante a Ferraz. Empezaron unas clases de francés, me sospecho que con el único motivo de «pescarnos» a varios. Aunque a mí no me hacían falta estas clases, pero me insistieron tanto, que me decidí a ir (creo que sabía más francés que el profesor). Además, me dejaba convencer, porque estaba muy a gusto en Ferraz” (José María Hernández Garnica, Recuerdos de los años treinta, AGP, JHG, E-1468, p. 2).

En los días previos a su respuesta a la llamada de Dios en la Obra, intervino decisivamente Álvaro del Portillo, quien se había entregado a Dios en el Opus Dei el 7 de julio de 1935. Así lo relataba Chiqui: “Delante del pequeño grabado de Cristo en la barca con los apóstoles, con el texto de San Marcos cap. 1, versículo 16, escrito de puño y letra del Padre (“Y, al pasar junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores”: Mc 1,16), Álvaro hacía comentarios ad hoc para que me decidiera a servir a Dios” (José María Hernández Garnica, Meditaciones, 19.II.1972). Ambos eran casi de la misma edad y se habían conocido de niños. Vivían en la calle Conde de Aranda y por eso volvían juntos a casa en el tranvía nº 49.

Durante toda su vida D. José María guardó en el alma el agradecimiento por esta intervención de Álvaro y la veneración hacia su persona, a quien consideró ejemplo de santidad y entrega en el Opus Dei.

Lo narraba el propio Chiqui, con su característico estilo castizo: “A primeros de julio cayó [se entregó a Dios] Álvaro Portillo y ya era otro más a meterse conmigo. En éste noté el cambio, pues antes no me decía nada y, la verdad, yo pensaba por dentro: «También este pelmazo se mete ahora a decirme cosas». Iba todas las tardes a la oración. Algún día lo hacía el Padre y en alguna de ellas debió decir cosas bastante claras, porque al salir me decían: «La verdad, que ha estado bien el Padre, ha dicho las cosas muy claras». Yo estaba en «Babia» y no me enteraba. Otro domingo del mes de julio quisieron darme lo que después de la guerra llamamos dar «el paseo» al Cerro de los Ángeles; pero después de cenar se suspendió el viaje. El último domingo de julio, por la tarde, me hablaron en un cuarto de la calle de Ferraz, de la Obra. Me decidí y dije que sí. El Padre me dijo que esperara a decidirme a que terminase un triduo al Espíritu Santo y que, después de hacerlo, que «si seguía en mis trece» ya veríamos. Total, que fue que sí” (José María Hernández Garnica, Recuerdos de los años treinta, AGP, JHG, E-1468, p. 2).

Era el 28 de julio de 1935.

Selección de ROTURANDO LOS CAMINOS, ed. Palabra, 2012, de D. José Carlos Martín de la Hoz

El oratorio de la residencia de estudiantes de Amsterdam

hdezgarnica31A finales de 1964 D. José María recibió el encargo de san Josemaría de colaborar en el comienzo de la labor de las mujeres del Opus Dei en Holanda.

Unos meses después, el sueño se hizo realidad y encontraron una casa que reunía las condiciones necesarias para instalar una residencia de estudiantes. D. José María se desplazó a Amsterdam en el mes de julio, y en compañía de D. José Antonio Núñez se aprestó a confeccionar el altar y el retablo del nuevo oratorio. En el frontal del altar del Sagrario puso la frase que tanto le gustaba a San Josemaría: «Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam» (Todos con Pedro -el Papa- a Jesús por María). Helga Ohmes recuerda en su testimonio: “Sin duda, D. José María pensaba en la situación de la Iglesia en Holanda, en aquellos años en que todo se ponía en tela de juicio, especialmente la unión con el Romano Pontífice y la devoción a la Virgen. Para la decoración del mismo altar eligió unas reproducciones de la vida de Jesucristo. Comentó que nos ayudarían a contemplar la vida de Jesús, haciendo oración”.

Tiempo después, al cambiar la moqueta del oratorio, tuvieron que separar el altar del retablo y entonces descubrieron que el Siervo de Dios, al terminar el trabajo había escrito con grandes trazos la jaculatoria que había repetido tantas veces mientras lo construía: “Iesu, Iesu, esto mihi semper Iesus”: Jesús, Jesús, sé para mí siempre Jesús.

 

Texto extraído de ROTURANDO LOS CAMINOS, ed. Palabra, 2012, de D. José Carlos Martín de la Hoz

Chiqui, «hijo pródigo». 55 años de Rouvray, la primera residencia universitaria en París

55 años de Rouvray

D. José María en París
D. José María en París

El 9 de julio de 1958, D. José María Hernández Garnica dejó reservado el Santísimo en el sagrario de Rouvray, la primera residencia de universitarias en París, situada en el 122 Boulevard Bineau, en Neuilly-sur-Seine.

El «hijo pródigo»

Pero antes hubo que conseguir el dinero necesario para hacer frente a la compra del edificio. Y D. José María no vio otra solución que hacer de «hijo pródigo» y pedir dinero a su madre. Así lo recordaba Doña Adela: “vino a verme y casi sin preámbulos me dijo: «vengo como el hijo pródigo, a pedirte la parte de la herencia que me corresponde». Hablamos de otras cosas, y cuando vi que hacia ademán de irse, le pregunté: «ya sé que no te lo vas a gastar en meretrices y gente así, pero sí que me gustaría saber dónde va mi dinero». Me habló de la casa de París, que se llamaría Rouvray… Le dije: «Curioso. El dinero lo hizo tu abuelo, que era marino, luchando con los franceses, y ahora vuelve a Francia»” (Testimonio de María y Teresa Temes Hernández, recogido en ROTURANDO LOS CAMINOS, de D. José Carlos Martín de la Hoz, pág. 151).

Así lo recuerda Teresa Temes, en la mesa redonda que se celebró en Montalegre el 21 de junio de 2011:

La discreción de D. José María

Efectivamente, las primeras mujeres del Opus Dei llegaron a París el 14 de junio de 1958, pero ninguna de ellas supo cómo se había conseguido la casa hasta años después. Amelia Díaz-Guardamino narra lo que le transmitió san Josemaría en una conversación, antes de marcharse a París: “Me contó lo difícil que había sido dar ese primer paso. D. José María, después de hacer muchas gestiones infructuosas, le pidió permiso para «hacer de hijo pródigo» para pedir a su madre, que le diera en vida, la parte de la herencia que le correspondía, y poder cubrir los gastos con ese dinero. Aunque la solución no era usual, se lo concedió, con el fin de que no se retrasara más el traslado de las mujeres de la Obra a Francia. Poco después de mi llegada a París, un día, en una tertulia, hablando de D. José María, conté lo que me había dicho nuestro Padre, y vi cómo se emocionaban, especialmente algunas que estaban en Francia desde el inicio de la labor. «Cuando llegamos aquí sólo sabíamos que alguien había dado una cantidad de dinero muy fuerte, que había hecho posible la compra del inmueble, sin que tuviéramos que soportar intereses y devoluciones de créditos, con los que no hubiéramos podido cargar, por lo escasos que eran nuestros ingresos. D. José María nunca nos dijo de dónde había venido ese dinero, pero yo siempre he rezado por ese o esos bienhechores anónimos», comentaba la responsable de los asuntos económicos” (Testimonio de Amelia Díaz-Guardamino Echeverría, recogido en ROTURANDO LOS CAMINOS, de D. José Carlos Martín de la Hoz, pág. 152).

El regalo de San Josemaría

SANJOSEMARÍAAquel primer oratorio contó también con una contribución directa de san Josemaría. El 25 de junio de 1958, D. José María Hernández Garnica celebró en Roma el aniversario de su ordenación sacerdotal. Antes de volver a París, san Josemaría le preguntó qué quería llevarse y D. José María contestó que todo lo necesario para que se pudiera celebrar la Misa en Rouvray. Así lo recordaba Lena Serpa: «Nuestro Padre le dijo que le parecía mucho peso para el viaje, pero D. José María aseguró que no importaba. Así que llegó a París cargadísimo, con un sagrario, todos los vasos sagrados, bandejas, vinajeras, misales y sacras de altar, campanilla, ornamentos de todos los colores litúrgicos, lienzos de altar… Y se puso a fabricar un altar y ¡el retablo! Cuando Ana María y yo llegamos de Roma el 11 de julio, ya se había celebrado la Santa Misa el 9 de julio y el Señor se había quedado en el sagrario” Testimonio de Lena de Serpa, recogido en ROTURANDO LOS CAMINOS, de D. José Carlos Martín de la Hoz, pág. 153).