Un espíritu aventurero

Este año se cumple el 50 aniversario del fallecimiento de D. José María Hernández Garnica, en Barcelona, ​​el 7 de diciembre de 1972, con fama de santidad.

Con este motivo tendrá lugar una mesa redonda el 25 de mayo, en el auditorio de la Biblioteca de la Facultad de Comunicación y Relaciones Institucionales Blanquerna.

Intervendrán D. José Carlos Martín de la Hoz, postulador de las causas de los santos de la prelatura del Opus Dei en España, Josep Masabeu, presidente de Braval y experto en inmigración y cohesión social, y María Candela, sobrina nieta del siervo de Dios. Cada uno desde su perspectiva mostrará aspectos enriquecedores de D. José María Hernández Garnica, uno de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, en quien san Josemaría Escrivá se apoyó para abrir camino en diferentes países de Europa.

En este diálogo, D. José Carlos nos hablará de esta persona inconformista, con una fe que rompía fronteras, que vivió la aventura de evangelizar en Europa, a una sociedad alejada de Dios, adaptándose a mentalidades y culturas muy diversas, siguiendo el carisma de san Josemaría.

Este estilo abierto e integrador es el que ha inspirado la labor de cohesión social que, con Montalegre, llevan a cabo las asociaciones Braval y Terral, de la que hablará Pep Masabeu.

El perfil humano de este sacerdote, quedaría incompleto sin la mirada familiar, que nos dará Maria Candela, mostrándonos las profundas raíces familiares de Tío Chiqui, que siempre se cuidó de su madre, y de sus hermanos y sobrinos.

Un buen intercesor y modelo inspirador que interpela a una sociedad herida por las divisiones y guerras.

Miércoles, 25 de mayo, 19:00 h.
Auditorio de la Biblioteca de la FCRI Blanquerna
C/. Valldonzella, 12, Barcelona

El “salvavidas” del náufrago

Siempre hay esperanza de salvar la vocación. Dios es fiel; nunca falla.

«¡Tú, baja!» Ilustración de La historia de Chiqui

Los padecimientos y vicisitudes de la guerra civil dejaron mermada la salud y el ánimo de Chiqui, hasta el punto de atravesar una profunda crisis en su respuesta a la llamada de Dios. José María Hernández Garnica se instala en San Sebastián, donde se incorpora al ejército nacional y comienza a preparar los exámenes de Ingeniería.

Desde allí, el 17 de abril de 1939, escribe a san Josemaría una carta muy significativa: “¡Por fin! dirá Vd. cuando vea estas líneas del hijo más desagradecido que tiene Vd.; me encuentro aquí arreglando mis asuntos; me he presentado en la Caja y estoy pendiente de la Junta de Clasificación y después me destinarán a un Regimiento; creo que probablemente será en esta ciudad, a Zapadores nº 6. Estuve cuatro días en Vitoria con mi madre que está viviendo ahí. Fui al Obispado a preguntar por sus señas y me dijeron que Usted estaba en Madrid y que en cambio José María Albareda residía en Vitoria. Después de algunas vueltas conseguí encontrar su pensión y visto que no estaba le dejé unas líneas y ya he recibido una carta suya. Cuando tenga las cosas arregladas definitivamente ya escribiré. Me encuentro en ésta después de una larga y penosísima soledad; casi igual de solo que antes y un poco frío; soy casi un náufrago que necesita un «salvavidas» y que me den una fuerte paliza para reaccionar, y tengo unas ganas muy grandes de poder charlar con Usted un rato para ver si me pongo al compás de todo”.

El 27 de abril de 1939 San Josemaría le responde por carta: “Queridísimo Chiqui: por los deseos tuyos puedes deducir los que tengo, de abrazarte y charlar. Si me necesitas, haré un viaje enseguida aunque sea al fin del mundo. Tú tienes la palabra. Anímate. Después de lo que has sufrido […], necesitas reponerte. Luego… ¡verás qué bien reaccionarás y qué bien trabajarás! Ánimo: yo te aseguro que, si me cumples el plan de vida que te di, habrás de bendecir la guerra, porque tendrás más experiencia y más reciedumbre para seguir trabajando”.

El Postulador, cuenta en el siguiente video la continuación de la historia: los intentos fallidos de recuperarle, sus dudas y finalmente el abrazo a San Josemaría, dispuesto a recomenzar con una fidelidad incondicional que marcará el resto de su vida.

Un beso a los pies

La incorporación definitiva al Opus Dei del beato Álvaro y Chiqui

San Josemaría y D. José María Hernández Garnica, Barcelona, 22-11-1972
Auca, Josep Maria Giralt (texto) – Ferran Toro (dibujos)

El 19 de marzo de 1936, Álvaro del Portillo renovó su incorporación a la Obra de manera definitiva. Era un breve acto, sencillo y solemne a la vez, en el que san Josemaría tenía entonces la costumbre de besar los pies a sus hijos espirituales, mientras pronunciaba las palabras de la Sagrada Escritura: «quam speciosi pedes evangelizantium pacem, evangelizantium bona» (Rom 10,15 (Vulg)): ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian el bien!.

Durante toda su vida Álvaro conservó indeleble el recuerdo de aquel momento, y la escena le vino a la mente con fuerza el 27 de junio de 1975, cuando se encontraba rezando ante el cadáver del Fundador. Antes de proceder a la sepultura, se arrodilló y le besó los pies. Más tarde, explicó el porqué de ese gesto: «me acordé de que el Padre me los había besado a mí, y le devolví el beso, ¿Cómo podría olvidarme? No fue sólo un gesto. No fue sólo una expresión de fidelidad y de unión. Mucho más: fue entregarme a mí mismo de nuevo» (Palabras pronunciadas en una reunión familiar, el 25-XII-1979).

José María Hernández Garnica hizo su incorporación definitiva al Opus Dei el 19 de marzo de 1940. También él guardó toda su vida en su corazón esos mismos sentimientos y por eso, el 23 de noviembre de 1972, al despedirse del que sería su último encuentro con san Josemaría -los dos eran conscientes de la gravedad de la enfermedad: fallecería a las dos semanas- Chiqui también quiso besarle los pies, como muestra de cariño y veneración. Lo cuenta con detalle D. José Carlos Martín de la Hoz en este vídeo del acto de presentación de ABRIENDO HORIZONTES, el 20 de mayo de 2010.

cfr. Alvaro del Portillo, Un hombre fiel. Javier Medina, Ed. Rialp, 2013.

La «audacia» sobrenatural del beato Álvaro

Una visión esperanzada y optimista de la misión apostólica: «Me acuerdo de la pesca milagrosa y de lo que dijo san Pedro: in nómine tuo, laxábo rete. Pienso en lo que ha dicho el Padre y sé que, obedeciéndole, obedezco a Dios»

Se recogen dos párrafos de una carta pastoral de Mons. Javier Echevarría, de 1 de junio de 2014, con un recuerdo del siervo de Dios José María Hernández Garnica que pone de manifiesto la audacia sobrenatural del beato Álvaro del Portillo, que marcó toda su vida. Es una buena consideración en el día de su aniversario.

El Venerable Siervo de Dios Mons. Álvaro del Portillo
El beato Álvaro del Portillo
11-III-1914 – 23-III-1994

La esperanza llevaba a don Álvaro a no detenerse ante las dificultades. Desde que se incorporó al Opus Dei, en 1935, realizó ya un apostolado constante y optimista, convencido de que Dios siempre le asistiría; y en esa actitud perseveró hasta el final de su vida. Nadie que pasara a su lado, por cualquier motivo, se alejaba sin llevarse una oración suya, unas palabras de interés por su familia o su trabajo, un consejo espiritual… No se detenía ante la categoría de las personas: únicamente veía almas que el Señor ponía a su lado: el portero de un edificio, el bedel de un dicasterio de la Santa Sede, la azafata o el sobrecargo del avión en que viajaba… Así procedía también con las autoridades eclesiásticas o civiles, que incluso le llevaban muchos años de edad o gozaban de clara relevancia en la vida social. En ningún caso se detuvo por falsos respetos humanos. Acudía a esos encuentros, fortuitos o programados, con la seguridad de que el Señor le asistía, pues había visto ese ejemplo en el quehacer de san Josemaría.

En 1972, don José María Hernández Garnica, antes de fallecer, quiso redactar un memorándum en el que refiere su asombro ante el «atrevimiento» de don Álvaro —antes de recibir la ordenación sacerdotal— para realizar gestiones ante cardenales y obispos, ante ministros de un gobierno, ante autoridades locales. Como narran algunos de los biógrafos de don Álvaro, una vez el mismo don José María le preguntó si no se sentía poco a su aire, falto de seguridad, en ese tipo de encargos. La respuesta, llena de fe en Dios y de confianza en el ejemplo de nuestro Padre, fue ésta: «Me acuerdo de la pesca milagrosa y de lo que dijo san Pedro: in nómine tuo, laxábo rete. Pienso en lo que ha dicho el Padre y sé que, obedeciéndole, obedezco a Dios» (cfr. Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo, Rialp, 6ª ed., Madrid 1996, p. 79; Hugo de Azevedo, Missão cumprida, Lisboa, Diel 2008, p. 101).

Una corrección amable: «sois las reinas de la chapuza», Manchester, III-1960

En 1959 José María Hernández Garnica, por encargo de san Josemaría, pasó a ocuparse, entre otros países, de la labor apostólica en Inglaterra. Recuerda Amelia Díaz-Guardamino Echeverría, que vivía en Inglaterra: “Pensó que D. José María, entonces Consiliario de Francia, podría ayudarnos. Al año siguiente, lo nombró Delegado de Inglaterra, Francia e Irlanda, para que se ocupara muy especialmente de nosotras y, efectivamente, en el verano de 1959, nuestro Padre, de nuevo en Londres, nos dio la noticia. Supuso una gran alegría para todas saber que D. José María llegaría a las pocas semanas”.

El testimonio de D. José María Casciaro ayuda a comprender el porqué de ese interés: “era un hombre tan entregado y humilde, tan santo, que no recusaba trabajo alguno, era útil para todo lo que se le encargaba y se daba con todo entusiasmo y dedicación, aplicando su extraordinaria inteligencia y su capacidad de sacrificio. Yo sentía el buen ejemplo de aquel que, en las ocasiones que había tenido de estar cerca, siempre había sido un hermano mayor para mí, un referente claro de cómo «hacer el Opus Dei, siendo uno mismo Opus Dei», en palabras de nuestro amadísimo Padre”.

Al ser personas jóvenes, llenas de entusiasmo pero con poca experiencia, D. José María muchas veces tenía que corregir cuando detectaba que no se vivía bien el espíritu de la Obra. Amelia Díaz-Guardamino recordaba la siguiente anécdota: “En marzo de 1960, la casa de Manchester ya estaba terminada, pero como no era el momento oportuno para recibir estudiantes -para ese curso, naturalmente, ya tenían resuelto su alojamiento-, decidimos aprovecharla para hacer ahí los Cursos de formación de Numerarias, hasta que, en verano, se pudiera tener el primer curso internacional con residentes de otros países. D. José María había hecho otros viajes a Manchester, entre otras cosas para dirigir la instalación del oratorio, que no realizó él mismo como lo había hecho en París, pero nos enseñó a Esther y a mí. Supervisaba nuestro trabajo, corrigiendo lo que fuera necesario, que debía ser bastante, porque cuando salía mal, él mismo lo arreglaba y nos decía: «Sois las reinas de la chapuza»». Era una realidad que esa tarea de formación y orientación le proporcionaba muchas satisfacciones al ver cómo las nuevas generaciones asimilaban el espíritu del Opus Dei.

cfr. Roturando los caminos. José Carlos Martín de la Hoz. Ed. Palabra, 2011

Roll-up del 50 aniversario

50 años intercediendo por todos

El 7 de diciembre se cumplirán los 50 años del fallecimiento de D. José María Hernández Garnica Chiqui, en la Clínica Quirón, de Barcelona. Cinco décadas de creciente actividad como intercesor y fama de santidad.
La sepultura de don Chiqui en la capilla del Santísimo de Montalegre es fuente de inspiración y estímulo para toda la actividad pastoral y asistencial que se lleva adelante en esta iglesia del Raval, uno de los barrios de mayor inmigración y baja renta de Barcelona.
Desde Montalegre quiere aprovecharse este año 2022 para dar a conocer aún más la vida de D. José María y que muchas personas puedan empatizar más con él, tengan la experiencia de su amistad y puedan beneficiarse de su intercesión.

Historia de un roll-up

Con este objetivo se ha diseñado un roll-up que muestra los rasgos más característicos de su persona e historia. Está colocado junto a la entrada de la capilla del Santísimo.

En la parte superior se encuentra el logo de esta efeméride con las dos fechas que encuadran estos 50 años de intercesor: 1972 y 2022.

Se ha escogido como motivo central una fotografía de sacerdote joven, con una mirada serena, penetrante y dispuesto a servir. Que lleve a conectar con él y entablar amistad.

El color amarillo que le rodea de fondo expresa la alegría que siempre le acompañaba, que contagiaba entusiasmo por extender la labor apostólica. En clave sobrenatural representa una fe profundamente arraigada, que lleva a afrontar las dificultades con el realismo y la seguridad de que para Dios no existen imposibles. Así era él.

San Josemaría se pudo apoyar en don Chiqui para extender el Opus Dei en todo el mundo; de ahí el título que encabeza los breves rasgos biográficos: «Apóstol por el mundo». En distintos idiomas para resaltar su carácter universal.

Realmente tuvo una vida de aventura, estimulante, de proyectos ilusionantes. Es la línea de fondo que recorre en distintas direcciones todo el roll-up. Los dibujos por donde pasa -París, Roma, en coche, en avión,…- son de un diseño joven y desenfadado, como era el espíritu de D. Josep Maria Hernández Garnica: fue de un sitio a otro, sin dominar idiomas, haciéndose a todo tipo de culturas. Por eso conectaba con los jóvenes universitarios de los distintos países de Europa. Era un hombre de mentalidad abierta, con un toque característico de humor para desproblematizar las cosas y encontrar soluciones con sentido práctico. Lo quiere reflejar la sencillez del diseño.

El código QR inferior amplía la documentación.

5 años del fallecimiento de Mons. Javier Echevarría

La Virgen de Guadalupe, el Padre y Chiqui.

Mons. Javier Echevarría y Chiqui, a Londres, el 3-IX-1960

El 12 de diciembre de 2016 se celebró en Montalegre la misa anual en sufragio por el alma de D. José María Hernández Garnica. En la homilía, Mn. Ignasi Font, Vicario para Cataluña de la prelatura del Opus Dei, se refirió a la fiesta de la Virgen de Guadalupe, y a la novena que hizo San Josemaría, en la Villa de México, en mayo de 1970, acompañado de D. Álvaro y D. Javier Echevarría.

En el corazón de todos estaba presente la petición a la Virgen por Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, gravemente enfermo, ingresado en la Clínica del Campus Biomédico de Roma. Fallecería al poco de acabar la misa.

Mons. Javier Echevarría ante la sepultura del Siervo de Dios

Mons. Javier Echevarría estuvo en Montalegre rezando ante los restos de Chiqui el 2 de julio de 2012.

Este es un enlace a un vídeo en recuerdo de Mons. Javier Echevarría.

Un regalo en el cumpleaños de Chiqui

Hoy es el 108 aniversario de D. José María Hernández Garnica, que nació en Madrid el 17 de noviembre de 1913.

Un buen día para leer la nueva hoja informativa que se acaba de publicar, que puedes descargar.

También puedes venir a la misa que se celebrará hoy en Montalegre a las 19h, en sufragio por su alma.

Seguro que hoy don Chiqui está más predispuesto a escuchar las peticiones de favores. Aprovecha para pedirle cosas. Así nos lo aconsejó el Sr. Cardenal, arzobispo emérito de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, en la misa que celebró el pasado 11 de noviembre, con motivo del Xº aniversario del traslado de sus restos a la iglesia de Santa Maria de Montalegre.

Xº aniversario entre andamios

Hernández Garnica, un «cristiano que vivió la vida con fidelidad y generosidad»

El 11 de noviembre de 2011, el Cardenal Luis Martínez Sistach, entonces Arzobispo de Barcelona, ​​presidió el traslado de los restos del siervo de Dios José María Hernández Garnica, presbítero, a la sepultura de la iglesia de Santa María de Montalegre.

10 años después quiso unirse a la celebración de este aniversario presidiendo la eucaristía en sufragio por el alma de D. José María y en agradecimiento a Dios por tantas gracias concedidas en estos años por su intercesión. Concelebraban también Mn. Ignasi Font, vicario para Cataluña de la prelatura del Opus Dei y Mn. Xavier Argelich, rector de la iglesia.

Los andamios que ocupan gran parte de la nave, por las obras de rehabilitación de la cubierta, daban a la ceremonia una nota singular, recordando a los ciento cincuenta asistentes la implicación de todos los cristianos en la construcción de la Iglesia y en la labor evangelizadora en todo el mundo, a ejemplo de D. José María Hernández Garnica.

En la homilía, el Sr. Cardenal, haciendo referencia a las palabras del evangelio —quien come mi cuerpo y bebe mi sangre está mí y yo en él—, resaltó las dos dimensiones de la vocación que vivió el siervo de Dios, como laico y como sacerdote, fundamentada en la eucaristía, en la presencia de Dios en su vida. «Es decir, un cristiano que quiere vivir su vida con intensidad, con fidelidad, con generosidad».

«Lo peculiar de un laico, de una laica cristiana —comentó— es estar presentes en el mundo para aportarle los valores del Evangelio. Estar presentes en el mundo de la familia, en el mundo de la política, de la cultura, de la economía, de la ecología, etc. Lo hizo también nuestro querido hermano José María, siervo de Dios».

Recordó también los años de trabajo de don Chiqui —así le conocían amigos y familiares— como ingeniero en varias empresas. Destacó los valores de un santo, que pueden encontrarse en «la vida de nuestro hermano José María, es decir, un cristiano que quiere vivir su vida con intensidad, con fidelidad, con generosidad». Un ideal de vida que vivió siguiendo las enseñanzas de san Josemaría. «Es lo que nosotros debemos hacer también en nuestra vida cristiana. Ser cristianos, pero ser cristianos con la mayor autenticidad posible».

«Nuestro siervo de Dios era un hombre que escuchaba a Dios Nuestro Señor en la oración, y estaba disponible para lo que Dios quería. Y el Señor le pidió un paso más, una nueva vocación. La vocación sacerdotal; el sacerdocio ministerial. Una vez ordenado ejerció el ministerio durante treinta y dos años, desde 1944 a 1972». El fundador del Opus Dei le confió el impulso del apostolado con las mujeres, así como el desarrollo de la labor apostólica en Barcelona, ​​en España, y también en otros países de Europa, en Francia, Inglaterra… identificándose con la lengua y la cultura de cada lugar.

A lo largo de la homilía, el Sr. Cardenal animó a los presentes «a pedir la intercesión del siervo de Dios por nuestras necesidades espirituales y temporales, nuestras y también sociales». Y también a imitarle, pues, «viendo que él va camino hacia los altares, también nosotros debemos procurar alcanzar la santidad».

Al terminar la eucaristía y el responso final, el Cardenal Martínez Sistach se despidió de los presentes deseando «que pronto ya no le digamos siervo de Dios, sino que le llamemos beato y después santo».

Por su parte, Mn. Xavier Argelich agradeció la presencia del Sr. Cardenal y que hubiera hecho posible, como Arzobispo de Barcelona, ​​el traslado del siervo de Dios a la iglesia de Montalegre, que ha facilitado un notable incremento de su devoción. Además, la presencia de Mn. José María Hernández Garnica ha servido de estímulo y modelo en la labor evangelizadora y de labor social que se lleva a cabo en torno a la iglesia de Montalegre.

Finalizada la ceremonia algunas familias y devotos del siervo de Dios saludaron al Sr. Cardenal

Aniversarios de Chiqui

El 11 de noviembre se cumplen 10 años del traslado de los restos mortales de D. José María Hernández Garnica a Montalegre. Ese día comienza la preparación del 50 aniversario de su fallecimiento, el 7-XII-1972 en Barcelona. El 2022 será el año de Chiqui en Montalegre y para quienes lo tienen como amigo e intercesor.

El siguiente vídeo es un recuerdo breve del traslado. Te gustará recordarlo si participaste en la ceremonia, o hacerte presente ahora por primera vez. Compártelo.

Y no faltes a la misa del próximo día 11…