Chiqui, atento al sufrimiento e incertidumbres de los demás

Un centenar de personas asistieron ayer en la iglesia de Montalegre a la misa que se celebra anualmente en sufragio por el alma de D. José María Hernández Garnica. El día elegido coincidía con el aniversario de su nacimiento, en 1913.

La situación de pandemia actual y las restricciones sanitarias condicionaron el aforo limitado en la nave de la iglesia.

Mn. Xavier Argelich, rector de la iglesia de Santa María de Montalegre, que presidía la concelebración, comenzó la homilía recordando los motivos que nos habían congregado: por un lado el agradecimiento por tantos favores como se consiguen a través de la intercesión de Mn. Chiqui, como familiarmente se dirigen a él sus devotos; y de otro, ofrecer sufragios, pues, aunque está iniciado el proceso de canonización, hasta que la Iglesia no se pronuncie sobre su santidad, tenemos el deber de rezar por su alma.

Recordó que San Josemaría se apoyó mucho en D. José María Hernández Garnica desde los inicios del Opus Dei y también después en la expansión por muchos países, a pesar de que no se le dieran bien los idiomas. Por su parte, él siempre correspondió con una confianza plena en la gracia de Dios.

Durante la guerra civil española sufrió mucho, tanto física como anímicamente. De hecho, él mismo recordaría años después con agradecimiento un encuentro «casual» -fue providencial- en Madrid con el beato Álvaro del Portillo en los inicios del conflicto bélico, que le confortó y reafirmó en su vocación en momentos de especial oscuridad.

Estos hechos le marcaron, e hicieron que a lo largo de su vida tuviera una especial sensibilidad para ayudar y reconfortar a las personas en las dificultades propias de los inicios apostólicos en diferentes países. No porque con su presencia se resolvieran los problemas, sino por la forma en que los afrontaba, lleno de sentido común y sobrenatural, de optimismo y alegría.

Estamos en un momento adecuado para considerar estos aspectos de su vida, porque vivimos momentos de incertidumbre, enfermedad, dificultades de trabajo, falta de relación social, desánimo, miedo, … El nos comprende y conforta.

Mn. Xavier también recordó cómo, en los meses pasados ​​de confinamiento más duro, con muy poca afluencia de fieles en Montalegre, por la falta de movilidad, los sacerdotes rezaban a diario ante la sepultura de Mn. José María, por todos sus devotos y feligreses: ¡cuida de ellos!

En este sentido son muy adecuadas las consideraciones de la encíclica Fratelli tutti del Papa Francisco, para ser sensibles a las necesidades de tantos que sufren y necesitan de nuestra ayuda y consuelo. El ejemplo de don Chiqui nos puede ayudar a ponerlo en práctica.

Terminada la misa se rezó un responso ante su sepultura, seguida del canto del Virolai.

Aquí está un vídeo de la ceremonia, con la homilia: