Misa en el aniversario del fallecimiento, 12-XII-16

Homilía pronunciada por Mn. Ignasi Font, Vicario para Cataluña de la Prelatura del Opus Die, en la misa en sufragio por el alma del siervo de Dios José María Hernández Garnica, en la iglesia de Santa María de Montalegre.

(dsc_6039…) El 7 de diciembre de 1972 moría en la antigua Clínica Quirón, de Barcelona, José María Hernández Garnica. Han pasado 44 años y, como ya es tradición en Montalegre, nos hemos reunido alrededor del altar para celebrar la eucaristía y encomendar a Dios el alma de este siervo de Dios. Cumplimos así con el deber cristiano de rezar por los difuntos.

Además, para nosotros es una deuda de agradecimiento, convencidos como estamos de su santidad y de tantos favores como nos alcanza el cielo. Es una devoción que hemos visto crecer a lo largo de estos años. Y con más fuerza aún desde que el 11 de noviembre de 2011 sus restos reposan en esta iglesia de Montalegre, que con tanto afecto veláis. Él, desde el cielo, seguro que os lo pagará con creces.

Estamos en el tiempo de Adviento y la liturgia de la misa de hoy nos exhorta a escuchar y anunciar todo una buena nueva: nuestro Dios nos viene a salvar; Su Hijo viene a iluminar las tinieblas de nuestro corazón.

dsc_6085También las vidas de los santos, y de otras personas que han seguido al Señor con ejemplaridad, son luz en este mundo que está en la oscuridad.

Por ello, el convencimiento de la santidad de Chiqui nos compromete a dar a conocer su vida, de manera que sean muchos los que se beneficien y por su intercesión puedan conseguir favores y milagros del cielo: no nos podemos quedar sólo para nosotros este don de Dios. Así, además, se extenderá más su devoción y la causa de canonización seguirá adelante. Los milagros no dependen de nosotros -son algo de Dios-, pero nosotros tenemos que pedir. De ellos se sirve Dios para confirmar a la Iglesia la santidad de una persona y que pueda ser venerado en los altares, en beneficio de todos los fieles.

El Papa Francisco, en la Carta Apostólica “misericordia te misera”, con ocasión de la clausura del año de la Misericordia, hace notar que “nuestras comunidades continuarán con vitalidad y dinamismo la obra de la nueva evangelización en la medida que la “conversión pastoral” que estamos llamados a vivir, se plasme cada día, gracias a la fuerza renovadora de la misericordia” (n.5). Y lo concreta, de manera especial, en la “celebración” del “Sacramento de la Reconciliación. Es el momento en que sentimos el abrazo del Padre que sale a nuestro encuentro para restituir de nuevo la gracia de ser sus hijos. Somos pecadores y cargamos con el peso de la contradicción entre lo que quiere hacer y lo que, en cambio, hacemos (Rm. 7, 14-21); la gracia, sin embargo, nos precede siempre y adopta el rostro de la misericordia que se realiza eficazmente con la reconciliación y el perdón. Dios hace que comprendamos su inmenso amor justamente ante nuestra condición de pecadores. La gracia es más fuerte y supera cualquier posible resistencia, porque el amor todo lo puede “(cf. 1 Co 13,7)” (n.8)

dsc_6111José María Hernández Garnica dedicó muchas horas al confesionario, y siempre atendía las personas con este corazón misericordioso. Como es sabido, no tenía facilidad para los idiomas, pero su entusiasmo y entrega removían más que sus palabras. Cuando viajaba a los diversos países ayudaba en todo lo que fuera necesario, material o espiritualmente. Servía sin hacerse notar, pero también aceptando sus limitaciones. Decía la directora de la residencia de Lovaina de aquellos años: “No tenía mucho contacto con las residentes y, sin embargo, lo conocían y lo querían mucho. Lo veían cuando venía a en la residencia Steenberg para celebrar la santa Misa. Más de una me pidió ser atendida espiritualmente por él, o para hablar de algún problema en el confesionario: “Este sacerdote me lleva a Dios y te trata con mucha comprensión, como si te conociera por dentro y te amara mucho», era el comentario que hacían”

Nos dice el Papa Francisco en esta misma carta que “estamos llamados a hacer que crezca una cultura de la misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás: una cultura en la que nadie mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos. Las obras de misericordia son “artesanales”: ninguna de ellas es igual a otra; nuestras manos las pueden modelar de mil maneras, y aunque sea único el Dios que las inspira y única la «materia» de la que están hechas, es decir la misericordia misma, cada una adquiere una forma diversa”. (n.20).

cuentoQue bien aprendido lo tenéis los voluntarios que con tanta generosidad colaboráis en las muchas tareas de solidaridad que desde hace tantos años se promueven en la iglesia de Montalegre, en el barrio del Raval, que tantas carencias tiene y que con tanta eficacia y profesionalidad sabéis atender. También en esto nos da ejemplo José María Hernández Garnica, que tuvo que trabajar por los diferentes países de Europa sin medios materiales, necesitado de buscar alimentos e, incluso, obligado a hacer de carpintero, para fabricar retablos y altares de oratorios,… Recuerda María Hernández Garnica, hermana de Chiqui, que durante sus años en Francia fue a visitarle a París con su marido. José María les enseñó la residencia Rouvray. Vieron también el oratorio donde él había trabajado mucho el retablo, la carpintería del altar y el policromado. Su hermana, al verlo le comentó que esto era un milagro del Opus Dei “porque de pequeño «eras un manazas, deshacías un reloj y al armarlo de nuevo, siempre te sobraban piezas». Él contestó: «la gracia de Dios actúa cuando se la necesita»”.

Acabamos acudiendo a la Virgen -hoy, fiesta de Guadalupe-, con palabras del Papa Francisco: “Que los ojos misericordiosos de la Santísima Virgen estén siempre girados hacia nosotros. Ella es la primera en abrir camino y nos acompaña cuando damos testimonio del amor. La Madre de Misericordia acoge a todos bajo la protección de su manto, tal y como el arte la ha representado a menudo. Confiamos en su ayuda materna y seguimos su constante indicación de volver los ojos hacia Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios.” (n.22).

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