Aniversario de la vocación de Chiqui. El cariño de san Josemaría

Una carta de San Josemaría (27-VII-37) en el aniversario de la vocación de Chiqui (28-VII-35).

Chiqui, julio de 1937

Chiqui, julio de 1937

El 28 de julio de 1935 José María Hernández Garnica acoge generosamente la llamada de Dios a santificarse en el trabajo profesional y en las circunstancias de la vida ordinaria, y a difundir la llamada universal a la santidad entre todo tipo de personas. Ese día pide a san Josemaría ser del Opus Dei.

Un año después, en julio de 1936 estalla la guerra civil española y estos proyectos quedan truncados. El 10 de noviembre José María es apresado y condenado a muerte, de la que se libra milagrosamente. Finalmente es liberado el 30 de junio de 1937, con una salud mermada, y marcha unos días a Alcalalí, un pueblo de Alicante, donde está Rafael Calvo Serer, otro de los primeros del Opus Dei, dispersos por la guerra, también enfermo y convaleciente, para reponerse.

San Josemaría, 11 de marzo de 1937

San Josemaría, 11 de marzo de 1937

San Josemaría, que tras diferentes vicisitudes, se encuentra confinado en la Legación de Honduras tiene el alma en vilo y sigue desde allí los avatares de sus hijos con cartas casi diarias en las que mostraba sin esconderlo el gran cariño que sentía por sus hijos. Tanto que Isidoro Zorzano, al notificar a Pedro Casciaro, que está en Valencia, la inmensa alegría de todos al enterarse que Chiqui ya ha salido de la cárcel, añade de su propia cosecha: «No te puedes dar idea de la preocupación del abuelo [san Josemaría]; ha estado intranquilísimo, verdaderamente su afecto por los nietos [los miembros de la Obra] raya en delirio, constituye su mayor obsesión y qué responsabilidad para los peques si no se corresponde en la misma forma» (Carta del 4-VII-1937).

San Josemaría escribe a Chiqui y a Rafael el 27 de julio de 1937 desde la Legación de Honduras. Para burlar la censura del momento utiliza una terminología de doble sentido.

Del abuelo [San Josemaría] a Chiqui, 27-VII-937

Mi muy querido peque: Por el alegrón que me dieron tus líneas, puedes deducir cuánto sentiría que me escribiera Paco y no lo hicieras tú, al darte de alta en el sanatorio [la cárcel]. ¡Cosas de viejo!

Mucho he pensado en ti. Te he hecho más compañía de lo que tú piensas. A Don Ángel [el ángel custodio] le importuné de continuo, para que tuviera con mi nieto los cuidados que yo habría tenido. Y más. Supongo que me habrá atendido, y me seguirá atendiendo. ¡Es muy buen amigo mío!

Posiblemente, pronto (va de veras) irá mi hermano Josemaría, con su hijo Jeannot [Juan Jiménez Vargas], a nuestro país [la evasión a la otra zona]. Ya haré que te escriba Ignacio, comunicándotelo.

¿Qué tal lo pasaste con Rafa? Es un criote que, por lo que quiere a sus hermanos —siendo tan chico— me ha ganado el corazón.

Y la otra carta a Rafael Calvo Serer:

Rafael Calvo Serer

Rafael Calvo Serer

Del abuelo a Rafa. Salud. 27-VII-937

¡Peque! Ahí van unas letras, para ti sólo.

Tus líneas, aunque se ría Alvarote [Álvaro del Portillo], me las he leído no sé cuántas veces. Ahora puede suceder que te toque a ti el turno de oír las risas milicianescas de estos criotes, que viven con su abuelo [San Josemaría y los que están recluidos en la Legación]. ¡Más mala gente! Bueno: ya sabes que esto no es verdad: son muy rebuenos mis peques.

El cariño que tienes a tus hermanos —¡ese Chiqui!— me ha llegado al alma. D. Manuel [así se refiere al Señor] y yo te agradecemos, de veras, todo tu natural buen comportamiento. ¡Menudo abrazo te voy a dar, Rafaelín, cuando te pesque!

Ánimo. Que te pongas bueno, aunque tengas úlcera, hasta derrochar salud. Que, si te es posible, veas al Hijo de Dª María diariamente [comulgar, Jesús, La Virgen]: es un gran Amigo, ¿no?

Que te acuerdes mucho de la familia (el abuelo no se atreve a decirte que te acuerdes de él), y que adquieras, cada vez más, las características de nuestra sangre [vivir fielmente su vocación].

Todos te abrazan fuertemente, conmigo

Mariano [así firmaba San Josemaría para eludir la censura].

A finales de agosto, en Madrid, san Josemaría podrá dar un abrazo de Padre a estos dos hijos, D. José María Hernández Garnica y Rafael Calvo Serer. Pero todavía deberán pasar muchos meses, abril de 1939, una vez acabado el conflicto bélico, `para poder recomenzar la expansión de la Obra, fortalecidos por este tiempo de crecimiento interior.

cfr. A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, ed. Rialp, Madrid, 2002, Vol. II

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s