12 de mayo: memoria del beato Álvaro. Aniversario de su primera comunión y de la de Chiqui

El 12 de mayo se celebra por primera vez la memoria litúrgica del beato Álvaro del Portillo, tras su beatificación el pasado 27 de setiembre. Es también el aniversario de su primera comunión y de la del Siervo de Dios José María Hernández Garnica, el 12 de mayo de 1921. El recuerdo de ese aniversario es un buen modo de preparar esta fiesta.

Álvaro el día de su primera Comunión

Álvaro el día de su primera Comunión

Álvaro y José María eran alumnos del Colegio Nuestra Señora del Pilar, dirigido por los religiosos Marianistas. La preparación esmerada de las Primeras Comuniones era un rasgo distintivo del Colegio y, de hecho, su celebración constituía uno de los momentos más solemnes del curso académico.

Muchos años después, el beato Álvaro rememoraba que antes de recibir a Jesús Sacramentado fue a confesarse gustosamente, porque Dios le iba a perdonar sus faltas, y salió del confesonario con una paz y alegría muy grandes. También añadía que en aquel momento se había sentido “importante” al ver el cariño con que le había tratado el sacerdote, en nombre de Jesucristo. Desde entonces, buscó y acudió periódicamente a este sacramento.

Recordatorio de la primera comunión de Chiqui. Anverso

Recordatorio de la primera comunión de Chiqui. Anverso

Álvaro y José María recibieron la Primera Comunión en la Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, en la calle Goya, de Madrid, como venía siendo costumbre en el Colegio, formando parte de un grupo de más de cien alumnos, de los cuales solo doce eran Parvulitos. Los demás eran algo mayores y, entre ellos, se encontraba José María Hernández Garnica, que estudiaba un curso por delante y que en 1943 recibiría junto a Álvaro la ordenación sacerdotal.

Como estampa recordatorio de la ceremonia, los padres de Álvaro escogieron un modelo francés que se usaba en el Pilar, y que representaba a un niño de una familia de primeros cristianos comulgando en lo que parece ser una domus ecclesiæ. No faltó tampoco, para inmortalizar el momento, la foto de Álvaro vestido con el entonces típico traje de marinero.

Mons. del Portillo mantuvo muy vivo hasta su muerte el recuerdo de la primera vez que recibió a Jesús Sacramentado. Son numerosos los testimonios que refieren cómo, pasados los años, evocaba con cariño ese aniversario. Así, por ejemplo, en 1983, confiaba a un pequeño grupo de personas en México: «62 ó 63 años que llevo comulgando a diario y es como una caricia de Dios».

Recordatorio de la primera comunión de Chiqui. Reverso

Recordatorio de la primera comunión de Chiqui. Reverso

Desde aquel día, Álvaro comenzó a recibir la Santísima Eucaristía asiduamente, observando el ayuno previsto por las normas litúrgicas, que entonces se extendía desde la medianoche anterior. «Eso suponía —comentaba su hermana Pilar— marcharse al colegio todas las mañanas sin probar bocado. Es duro para un chico joven empezar el día sin desayunar. Sin embargo, él lo hacía todos los días sin darle importancia: se iba sin tomar nada, sonriente, solo con un pedazo de pan que guardaba, envuelto, en el bolsillo. —Álvaro, ¿no desayunas?, le preguntábamos. —No, no, me basta con esto —nos decía, señalando el panecillo. Y así, un día y otro, desde muy pequeño».

Y glosaba Pilar: «Ahora, desde la distancia que dan los años, me doy cuenta de que, ya desde muy pequeño, el amor de Dios se fue apoderando del alma de mi hermano Álvaro con una fuerza singular. Y todo con naturalidad, sin estridencias. Era un niño piadoso, con una piedad que se manifestaba en cosas muy sencillas que, al principio, no llamaban la atención en el ambiente de nuestra familia. Muchas de estas manifestaciones de piedad se dan en los niños buenos de las familias católicas; sin embargo, lo sorprendente es que Álvaro no cambió nunca: y sin caer en infantilismos, o en ingenuidades, (…) siguió guardando, en el fondo de su alma, aquella inocencia, aquella sencillez, aquella búsqueda sincera de Dios que tenía cuando era muy pequeño. Yo le recuerdo, con el paso de los años, siempre igual».

Cfr. Álvaro del Portillo. Un hombre fiel. Javier Medina, Ed. Rialb, 2013 Roturando los caminos. José Carlos Martín de la Hoz, Ed. Palabra, 2012.

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