Una romería a Covadonga, mayo de 1972

Santuario de Nuestra Señora de Covadonga

Santuario de Nuestra Señora de Covadonga

Comienza el mes de mayo, mes dedicado a la Virgen. Es un buen momento para recordar la gran confianza que D. José María Hernández Garnica tenía en la maternal intercesión de la Santísima Virgen.

Pocos meses antes de fallecer, con la enfermedad ya muy avanzada, que le afectaba a la garganta y le impedía hablar, surgió la idea, para hacerle descansar, de aprovechar un viaje que uno tenía que realizar a Asturias en el mes de mayo, para acudir con varios más al Santuario de Nuestra Señora de Covadonga.

Prepararon aquella visita a la Santina con especial cariño. Habían previsto que celebraría la Santa Misa a ese pequeño grupo, de modo que pudiera hacerlo en voz baja, pues le resultaba muy doloroso alzar la voz. El hecho fue que el sacristán, sin previo aviso, cambió el orden y acabó celebrando delante de un numeroso grupo de peregrinos en la gruta. Llegado el momento de la homilía, sacando fuerzas de flaqueza, habló con gran fuerza y tono alto del Amor a la Virgen, y de la necesidad de pedir, a través de su intercesión, por la Iglesia. Los que le escucharon quedaron profundamente removidos. Mucho esfuerzo tuvo que hacer, pues el agua de la cascada que está debajo de la gruta produce un ruido muy fuerte.

La Santina

La Santina

Bien sabida tenía la lección de San Josemaría. De su vida y enseñanzas, había aprendido a confiar en Dios y en la respuesta de las personas. Mons. Javier Echevarría recordaba como el 18 de septiembre de 1970, alguien le preguntó: “Padre, usted, ¿en quién espera?. Respondió inmediatamente: «espero en Dios, que es mi Padre; en la Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra; y en vuestra fidelidad a Dios. Nunca he contado con los medios humanos para salir adelante; pero tened confianza: Dios está con nosotros y no nos abandona, si nosotros no le abandonamos»

cfr. Memoria del beato Josemaría, Javier Echevarría ,ed. Rialp, Madrid 2000, p. 246; Roturando los caminos. José Carlos Martín de la Hoz, Ed. Palabra, 2012.

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