Un recuerdo del Colegio del Pilar para preparar la Semana Santa

Colegio Nuestra Señora del Pilar

Colegio de Nuestra Señora del Pilar

Al rey de las virtudes, / pesada losa encierra; / pero feliz la tierra / ya canta salvación

José María Hernández Garnica hizo sus estudios primarios y de bachillerato en el Colegio de Nuestra Señora del Pilar, en Madrid, que regentaban con altura académica y moral los Hermanos Marianistas. En él coincidiría con Álvaro del Portillo, vecinos de la misma calle, Conde de Aranda.

José María Hernández Garnica

José María Hernández Garnica

El Colegio gozaba de un merecido prestigio. El estilo pedagógico de los Marianistas se caracterizaba por el respeto al alumno, al que se procuraba inculcar una disciplina “ligera e interiorizada”. Las palabras evangélicas “la verdad os hará libres”, constituían el lema que los chicos encontraban escrito en grandes caracteres, cada día, al acceder a las aulas.

El centro educativo se enorgullecía de ofrecer una educación “moderna”, que buscaba potenciar la “armonía entre el cuerpo y el alma”. La formación religiosa era esmerada: misa con plática entre semana, rosario los sábados, la práctica de los primeros viernes, etc. También se fomentaban la confesión y la comunión semanales. Y, de modo muy especial, el amor a la Virgen María. Las Congregaciones, consideradas por los Marianistas como el motor y la fuerza del Colegio, tenían una presencia muy visible y se celebraba cada año con gran solemnidad la fiesta de la Virgen del Pilar.

Álvaro del Portillo, 12-V-1921

Álvaro del Portillo, 12-V-1921

Otra manifestación de fervor que se difundía entre los alumnos del Pilar era el Via Crucis. Muchos años más tarde, Mons. del Portillo recordaba que en el texto que se seguía en el colegio, «en la última estación, la Sepultura del Señor, repetíamos unos versos muy malos, pero que ayudaban a remover el alma; a mí me siguen removiendo. Dice esa letra: Al rey de las virtudes, / pesada losa encierra; / pero feliz la tierra / ya canta salvación. Así es. Dios muere, para que nosotros vivamos; es sepultado, para que nosotros podamos llegar a todas partes. Por eso la tierra canta feliz la salvación».

cfr. Álvaro del Portillo. Un hombre fiel. Javier Medina, Ed. Rialb, 2013 y Roturando los caminos. José Carlos Martín de la Hoz, Ed. Palabra, 2012.

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