7 de diciembre de 1972: el fallecimiento de Chiqui

En la Clínica Quirón

015Desde el 12 de noviembre, D. José María Hernández Garnica estaba ingresado en la Clínica Quirón de Barcelona. Recorría los últimos días de su vida en la tierra. Conforme pasaba el tiempo su salud estaba más mermada y su deterioro físico cada vez era más patente, demacrado, sin apenas poder hablar.

El 3 de diciembre comenzó a tener pequeñas hemorragias; a juicio de los médicos, en principio no eran graves. Sin embargo, él escribió una nota -ya no podía hablar- en la que decía: “los médicos dicen que no tiene importancia; pero yo digo que no tiene más importancia que la importancia que tiene”. Y entregó lo escrito con una sonrisa llena de abandono y serena alegría.

También el personal de la clínica, médicos, monjas y enfermeras que le atendían comprobaron cómo, a pesar del gravísimo quebrantamiento de su estado general, de que cada vez decaía más y de sus intensos dolores, seguía alegre y pendiente de los demás, tratando de hacer alegre la vida a todos los que le rodeaban, y comentaban con cariño todos los detalles de afecto y servicio que tenía para con ellas, a las que trataba de facilitar todo lo que podía su trabajo en todo momento.

El 7 de diciembre

Así llegó al 7 de diciembre. A las siete de la mañana se desencadenó una intensa hemorragia mayor de lo habitual. Inmediatamente, el que le acompañaba avisó al personal sanitario, al médico que lo trataba y a un sacerdote; mientras, D. José María mostraba una respiración jadeante y cierta inquietud. Tomó el bloc y escribió con trazos firmes: “Unción de enfermos subrayando con mucha fuerza las tres palabras. Tomó de nuevo el bloc, y escribió: Quiero y más”.

A los pocos minutos llegó el médico que le atendía, y la situación empeoraba por momentos. Como recuerda Eusebio Bazán, “en el momento en que D. Joaquín Ibarz entró en la habitación, como si D. José María se abriera paso entre nosotros que estábamos alrededor de la cama, para ver mejor a D. Joaquín, se dispuso inmediatamente a recibir la absolución sacramental y bendición, -estaba sentado sobre la cama-, a la vez que parecía olvidarse de todos los aparatos y tubos de los que tan pendiente había estado hasta ese momento, y durante bastante tiempo. Este detalle de olvidarse de todo y de todos y de seguir sólo la formula y señal de la cruz de D. Joaquín fue un detalle que no pasó inadvertido para ninguno y nos llamó la atención, sorprendiéndonos a todos. Poco después -casi inmediatamente- de hacer varias veces la señal de la Cruz y reiterarle la absolución sacramental, D. José María hizo un gesto con la mano cerrada y el dedo pulgar en tieso, y con una sonrisa muy expresiva, como señalando para arriba, y con gesto de agradecimiento y rostro sereno y lleno de paz, y como muy alegre, nos fue dando las gracias a médicos y enfermeras -y en especial a los de Casa-, y así falleció”.

La noticia en Roma. Un hijo fidelísimo

Con San Josemaría el 25 de marzo de 1959

Con San Josemaría el 25 de marzo de 1959

Carmen Mouriz recordaba cómo la noticia llegó enseguida a Roma: “El 7 de diciembre por la mañana, temprano, sin esperarlo, se nos avisó a todas las que vivíamos en Villa Sacchetti y La Montagnola que fuésemos rápidamente al oratorio del Corazón de María. A los pocos instantes entraron D. Francisco Vives y D. Joaquín, muy conmovidos. D. Francisco, con la voz entrecortada, nos dijo: «D. Florencio Sánchez Bella acaba de llamar al Padre para comunicarle que ha fallecido D. José María Hernández Garnica. El Padre me ha pedido que os diga que entenderéis que no pase él mismo a daros esta dura noticia; pasará en cuanto pueda. Ahora desea estar sólo con Dios y celebrar enseguida la Santa Misa en sufragio por su alma, aunque tiene certeza de que se ha ido directo al cielo, bien purificado. Vamos a rezar un responso juntos». Después, sin lograr contener las lágrimas, se fueron”.

Ese mismo día, san Josemaría convocó en Roma, en la sala de sesiones de la Montagnola, a las que formaban parte de la Asesoría Central, y les dio la noticia del fallecimiento de D. José María. Así lo resumía Amelia Díaz-Guardamino Echeverría: “tenía los ojos llenos de lágrimas, cuando nos dijo: «Ha sido un hijo fidelísimo, en el que siempre he podido apoyarme. Lo he mandado de aquí para allá, y él siempre iba contento, para arrimar el hombro donde hiciera falta»”.

Cfr. Roturando los caminos, José Carlos Martín de la Hoz, Ed. Palabra, 2013

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2 respuestas a 7 de diciembre de 1972: el fallecimiento de Chiqui

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