Los primeros pasos en la predicación. La lucha contra la timidez

Una carta del 7-XI-1944

Tras la ordenación sacerdotal de los tres tres primeros, el 25.VI.1944, el trabajo que desarrollaron fue tan intenso y generoso, que algunos empezaron a comentar, con cierta ironía, pero con parte de verdad, que les estaba matando a trabajar. La realidad es que practicaban lo que habían visto hacer al Padre: gastarse generosamente por los demás.

Lo sintetizaba, meses después el Beato Álvaro del Portillo, en una carta a José Orlandis y Salvador Canals, del 22-IV-1945: “A Chiqui y a José Luis, sobre todo, y menos a mí, nos ha lanzado el Padre (…). Aparte de las muchas horas semanales que resultan de dirección espiritual y de confesiones, llevamos entre los tres, en los diez meses de sacerdocio en los que no hemos dejado el estudio, treinta tandas de ejercicios espirituales y cerca de 90 días de retiro para intelectuales. Del trabajo del Padre no os hablo; ya sabéis vosotros que cuanto os pueda decir es poco. Gracias a Dios está ahora, además, muy bien de salud”.

El vapor Cabo Machichaco, atracado en el muelle, durante el incendio, en la ciudad de Santander (Cantabria).

El vapor Cabo Machichaco, atracado en el muelle, durante el incendio, en la ciudad de Santander (Cantabria).

El hecho es que el Siervo de Dios José María Hernández Garnica puso su sonrisa y sus grandes dotes intelectuales al servicio de las almas, luchando positivamente -y con su característico toque de humor- para vencer su natural timidez. En su humildad, D. José María, daba cuentas al Fundador del Opus Dei de cómo marchaba su destreza en la predicación: “Le hablaré fríamente como si hablase de otro señor que no me importase nada. Los chicos han quedado muy contentos; esa es la impresión que me dieron en las charlas. Según mi opinión propia, estoy todavía muy torpe y pobre de lenguaje, no se me ocurren palabras y la expresión (y tono de voz) es todavía muy monótona, aunque mejor que las otras veces. Se ha notado la ayuda que he tenido de todos los lados, porque yo solo hubiera sido peor que la catástrofe del «Machichaco» [El Vapor Machichaco fue un buque cuya explosión accidental en 1893 por causa de un incendio, provocó en el puerto de Santander 590 muertos y cuantiosos heridos, en lo que se ha denominado la mayor catástrofe civil en la España del siglo XIX]. Conste que he escrito estas líneas mirando a la imagen de la Virgen que hay encima de la mesa y he procurado ser muy objetivo”. Carta desde Valencia 7.XI.1944).

Un par de años después continuaba con sus esfuerzos, como refleja en otra carta a San Josemaría: “Veremos a ver que tal marchan los ejercicios de estos días: que el Señor me ayude, porque si no, vamos aviados. Me da siempre un pánico tremendo” (Carta desde Barcelona 27.II.1946).

cfr. Roturando los caminos, José Carlos Martín de la Hoz, Ed. Palabra, 2012

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