Un buen consejo, tres días antes de la beatificación de D. Álvaro

José María, estás viejo, ya no sirves ni para poner una cerradura…

Nuestra Señora de La Merced
Nuestra Señora de La Merced

24 de septiembre de 1965, Fiesta de Nuestra Señora de La Merced, 5 de la tarde. D. José María Hernández Garnica dirige la meditación en el oratorio de la residencia para universitarias de Lovaina (Bélgica), acabado pocas horas antes:

«Esta mañana había roto ya dos cerraduras al intentar ponerlas en la puerta del Sagrario; empecé a enfadarme conmigo mismo; pensaba, José María estás viejo, ya no sirves ni para poner una cerradura. En ese momento, cuando te sientas nada, es cuando hay que pararse, rezar, apoyarse en la filiación divina, en el cariño a la Virgen, y a recomenzar; otra vez a hacer lo que hay que hacer. Os aseguro que es cuando mejor sale».

Camino de Valdebebas

D. Álvaro del Portillo, 10-V-1983
D. Álvaro del Portillo, 10-V-1983

¿Cómo estará viendo Chiqui los preparativos de la beatificación de D. Álvaro del Portillo?

Lo que es seguro es que en estos días previos a la beatificación, Chiqui está muy bien acompañado.

Al igual que está sucediendo en tantos lugares, son bastantes los grupos de peregrinos que hacen escala en Barcelona, camino de Madrid, para asistir a la beatificación de D. Álvaro, el próximo sábado, 27 de septiembre.

Capilla del Santísimo
Capilla del Santísimo con la sepultura de D. José María

Muchos aprovechan para tener la Santa Misa en la capilla del Santísimo de la iglesia de Santa María de Montalegre, junto a los restos de D. José María Hernández Garnica. Un intercesor muy adecuado en estos momentos, si se tiene en cuenta la gran amistad que unía a ambos desde su infancia y en los estudios; su respuesta a la llamada de Dios en el Opus Dei con pocas semanas de diferencia; la ordenación sacerdotal de los tres primeros; la gran veneración que siempre sintió Chiqui por D. Álvaro; etc. Entre tantas intenciones que se le encomiendan estos días en diferentes idiomas, seguro que escucha con especial afecto las relacionadas con los frutos espirituales de la beatificación de D. Álvaro.

Hoy han sido grupos de Australia, Nueva Zelanda, Puerto Rico, Estados Unidos,… Esto es una Pentecostés.

En el colegio Viaró

La llegada a Viaró, 20 de setiembre de 1972.  La labor de los colegios

A primeros de setiembre de 1972, tras diagnosticar a D. josé María Hernández Garnica en Pamplona la existencia de un carcinoma de células escamosas con grado moderado de diferenciación, en la base de la lengua, en la región submaxilar, se vio necesario iniciar enseguida un tratamiento de radioterapia de cuyo efecto dependerían las posibilidades de curación. Tras barajar diferentes posibilidades, los médicos aconsejaron su traslado a Barcelona para seguir el tratamiento.

Colegio Viaró
Colegio Viaró

Cuando se le comunicó el diagnóstico definitivo y las posibilidades de tratamiento, recibió con mucha serenidad toda la información. San Josemaría les escribió una carta, fechada en Roma, el 20 de setiembre: “He recibido tu última carta y le he dado muchas gracias al Señor por ese nuevo diagnóstico, que me hace pedir todavía con más insistencia tu curación al Señor y a nuestra Bendita Madre. Agradezco también a la Santísima Virgen la paz y el abandono que quiere mantener en tu alma. Sigue así, hijo mío, que tus molestias son clamor de oración a Jesucristo Nuestro Señor por esta Santa Iglesia suya”.

Precisamente el 20 de setiembre de 1972 D. José María Hernández Garnica se trasladó a Barcelona, plenamente consciente de la gravedad de su enfermedad. Para facilitarle el tratamiento, vivió en la residencia de profesores del Colegio Viaró, Centro de la Obra situado en las afueras de San Cugat del Vallés. Los dolores eran cada vez más fuertes. Los médicos le daban calmantes también para que durmiese por la noche. De todas formas, tenía muchas molestias.

Ermita de Viaró
Ermita de Viaró

De aquellos primeros días en Barcelona recordaba Adolfo Llorente, médico, que coordinó su atención en Barcelona: “Durante las primeras semanas que estuvo en Viaró solía pasear con frecuencia por los jardines y zonas deportivas del colegio; casi siempre le acompañábamos alguno de nosotros. Disfrutaba al ver el número tan elevado de alumnos del colegio, su buen aspecto y educación, cómo acudían al oratorio a visitar al Santísimo o cómo ponían flores a las imágenes de la Virgen del jardín. Nos resaltaba la gran labor de formación que, por iniciativa e impulso de nuestro Padre, se hacía en tantos colegios del mundo entero, y nos hacía considerar su gran visión sobrenatural”.

D. Ignasi Pujol
D. Ignasi Pujol

Precisamente 42 años después de ese día, en el oratorio del colegio Viaró ha celebrado su primera misa un antiguo alumno del colegio, D. Ignasi Pujol, ordenado en Roma el 10 de mayo por Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei.

Este es uno de los frutos por los que, con toda seguridad, D. José María Hernández Garnica rezó durante los meses que pasó en Viaró.

Una residencia para universitarias en Lovaina

Arquitecto, decorador, carpintero y pintor

Siempre he pensado que algún día se empezaría su Proceso de Beatificación…

Con San Josemaría i Álvaro del Portillo, el 20-VIII-1960
Con San Josemaría i Álvaro del Portillo, el 20-VIII-1960

En septiembre de 1965 se consiguió la casa para la residencia universitaria de mujeres de Lovaina (Bélgica). Decía María Antonia Baratech “En 1965 fui desde París unos días a Colonia para atender una convivencia de chicas jóvenes. Le volví a ver [a D. José María Hernández Garnica]: la Obra iba a empezar la labor en Bélgica, y cuando supo que estaba en Colonia, quiso explicarme detalles de la casa que acababa de alquilar, en Lovaina, por indicación del Fundador; a lo largo de la conversación, dibujó en un papel a lápiz -a modo de plano rudimentario- la distribución de la planta baja del futuro centro. Han pasado 30 años y aún conservo el plano de la casa de Lovaina que dibujó; lo he ido guardando a través del tiempo como algo que hizo un sacerdote santo. Siempre he pensado que algún día se empezaría su Proceso de Beatificación”.

En una carta a Alfonso Par Balcells, escrita en Roma el 1-X-1965, el Siervo de Dios narraba esos hechos: “Interrumpí el curso de formación durante nueve días. Fui a Lovaina, donde estuve una semana, y las ayudé para darles algunas ideas para las obras de adaptación, sin gastar demasiado dinero. Saqué la impresión de que no pensaban poner el oratorio enseguida. Después de pensarlo, vi que era posible dejar al Señor en la casa de las chicas. Les hice el altar, ellas ayudaron a la decoración y, entre tanto que les llegue el sagrario que han encargado en Talleres, les hice una caja de madera que puede servir para el Monumento o «locus reservationis» en la Semana Santa. Los arreglé con purpurina y quedaron decentes. A principios de noviembre pienso ir a Holanda para ayudarles a la instalación en su nueva casa”.

María Antonia Baratech recuerda así la culminación de esos trabajos: “Cuando hizo el primer altar y sagrario de Bélgica, en septiembre de 1965, en la ciudad de Lovaina, observamos que se exigía una gran disciplina y orden en el trabajo: tenía un croquis con la distribución diaria de su cometido y lo terminó el día que se había propuesto, 24 de septiembre, fiesta de Nuestra Señora de la Merced. Diariamente, al terminar su horario, barría las virutas; dejaba las herramientas ordenadas; amontonaba maderas, etc.; todo quedaba en perfecto orden; se veía que estaba trabajando en la presencia de Dios y que lo hacía con cariño. En una ocasión, le preparamos el almuerzo y, al regresar, comprobamos que había fregado sus platos, alguna cazuela que dejamos sucia en un rincón, y desde entonces mejoramos en orden”.

Todo se terminó en su momento y el día de la Merced, a las cinco de la tarde, el siervo de Dios les dirigió la meditación. Según el testimonio de Amparo Martín de Rosales Garrido, les decía: ««Esta mañana había roto ya dos cerraduras al intentar ponerlas en la puerta del Sagrario; empecé a enfadarme conmigo mismo; pensaba, José María estás viejo, ya no sirves ni para poner una cerradura. En ese momento, cuando te sientas nada, es cuando hay que pararse, rezar, apoyarse en la filiación divina, en el cariño a la Virgen, y a recomenzar; otra vez a hacer lo que hay que hacer. Os aseguro que es cuando mejor sale». Así, con ejemplos muy sencillos nos enseñaba lo que él vivía, de dónde arrancaba su fortaleza. Nos enseñaba lo que a él le había enseñado nuestro Padre”.

cfr. Roturando los caminos. José Carlos Martín de la Hoz, Ed. Palabra 2013

* Si tienes fotografías de la residencia, o del oratorio, u otros datos, envíanoslos, y los publicaremos *