En Pamplona con San Josemaría, 8 de abril de 1972

Tertulia con San Josemaría en el Colegio Mayor Aralar

Tertulia con San Josemaría en el Colegio Mayor Aralar

A finales de enero de 1972 D. José María llegó a Pamplona para ser tratado de nuevo en la Clínica de la Universidad de Navarra, pues su salud estaba ya muy quebrantada. En julio de 1971 había comenzado a tener dolor de garganta y dificultad para deglutir los alimentos y pronunciar algunas palabras. Estos problemas fueron en aumento, con un carácter netamente progresivo.

Era muy consciente de la gravedad de su enfermedad y de que empeoraba semana a semana. Sin embargo, mantenía su talante alegre; estaba risueño y no perdía su característico sentido del humor.

A este cuadro se añadió una crisis cardíaca bastante grave el 22 de marzo que le obligó a estar ingresado en la Clínica. Días después se repitió la alarma; no obstante, superó esos problemas cardíacos y fue dado de alta el 2 de abril.

A los pocos días, tuvo la dicha de estar con san Josemaría en Pamplona. Así lo recordaba D. Gumersindo Sánchez: “El 8 de abril de 1972 tuvimos un buen número de sacerdotes tertulia con nuestro Padre en el Colegio Mayor Aralar (Pamplona). Asistía D. José María que estaba en Pamplona por su enfermedad, atendido en la clínica universitaria. Cuando nuestro Padre entraba saludando a unos y otros, D. José María, ya enfermo, hincó la rodilla para saludar a nuestro Padre. Me pareció una escena emocionante e inolvidable. Durante la tertulia se dirigió nuestro Padre muchas veces a él, siempre con su cariño. Decía: «Chiqui, ¿quién te quiere a ti?». Y él, con su voz cascada, decía: «¡el Padre!». Hacia el final de la tertulia le decía: «te llevé a Francia, a Inglaterra, luego a Alemania. En todos esos sitios preguntan por ti y te encomiendan»”.

Un recuerdo similar anota D. Florencio Sánchez Bella en su Testimonio: “En abril de 1972, con ocasión de un viaje rápido a Pamplona, nuestro Padre pudo ver a D. José María en el Colegio Mayor Aralar. Al saludarle, le dijo con buen humor, animándole: «Chiqui, te he hecho correr por medio mundo, te he mandado a trabajar a Inglaterra una porción de años, y lo has hecho muy bien; luego has danzado por Irlanda y por Francia, Alemania, Suiza, Bélgica, Holanda… De todos los sitios recibo preguntas sobre tu salud, y les digo: no os preocupéis, que nos va a enterrar a todos. ¡Adelante! Dios te pondrá bueno, porque se lo pido yo tanto»”.

Pasaría después unas semanas estabilizado, con cierta mejoría, aunque se mantendrían los problemas para la deglución de alimentos. El 31 de mayo, haciendo referencia a esta última temporada en Pamplona, escribiría a su sobrina Teresa Temes: “Voy bastante bien de salud. Sigo comiendo a base de «potitos», es decir, «recién destetado», pero ya me he acostumbrado. Hoy me he pesado, después de seis semanas, y me he llevado un susto: he engordado dos kilos; y ahora que tiene uno línea, sería catastrófico abotijarme. Espero que el Padre me deje liberarme de esta vida «de canónigo» que llevo, y que si la lengua se para no es motivo para que no pueda seguir ayudando en Alemania. Veremos qué dicen los médicos, pero la verdad, para cuatro días que uno va a vivir, me parece que vale la pena rendir algo de tanto como ha recibido uno en Casa. Sin embargo, si no conviene, seguiremos como la última temporada”.

cfr. Roturando los caminos, José Carlos Martín de la Hoz, Ed. Palabra, 2013

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