Unas cartas entorno al santo de D. Álvaro, en 1972

A partir de 1970 la salud de D. José María empezó a quebrantarse seriamente, con grandes dificultades para comer y para hablar. Tras unas visitas en diciembre de 1971 en la clínica universitaria de Navarra, tuvo que trasladarse a Pamplona a finales de enero de 1972 para ser tratado de los problemas en la garganta.

25-VI-1944 después de la ordenación sacerdotal

25-VI-1944 después de la ordenación sacerdotal

En este contexto se recogen unas cartas de San Josemaría, Álvaro del Portillo y Chiqui. Están escritas alrededor del 19 de febrero, santo de D. Álvaro, y ponen de manifiesto la paternal solicitud de San Josemaría por acompañar a Chiqui en la grave enfermedad que padecía y, a su vez, el intenso cariño de los tres primeros sacerdotes, aprendido del propio Fundador.

San Josemaría, abril de 1972

San Josemaría, abril de 1972

San Josemaría escribía a D. José María el 19 de febrero: “Querido Chiqui: que Jesús te me guarde. Estoy contento de que te encuentres cerca de los médicos de Pamplona, y siempre cada día más cerca de Dios Nuestro Señor, porque al Señor y a los médicos importuno continuamente para que te me curen. Sé que tienes el día muy lleno y me da alegría: así te será más fácil unirte a las intenciones de mi Misa y de mi oración, y la Madre Nuestra Santa María nos obtendrá de su Divino Hijo que se acaben estos tremendos e increíbles tiempos de prueba, que la Iglesia y las almas padecemos. Tengo la seguridad de que Jesús, Amor Nuestro, te escuchará especialmente mientras dure esa enfermedad que te ha enviado: aprovéchate de ese privilegio”.

San  Josemaría y D. Álvaro en Castelldaura, el 20-XI-1972

San Josemaría y D. Álvaro en Castelldaura, el 20-XI-1972

Por su parte, D. Álvaro del Portillo escribió por encargo de san Josemaría a José Luis Múzquiz, el 16 de febrero; era preciso buscar oraciones: “me ha hecho mucha ilusión recibir tu carta, con motivo de mi próxima fiesta de San Álvaro. Te la he agradecido mucho, porque va acompañada de tanta oración y expresa el cariño que, gracias a Dios, nos tenemos todos en la Obra. Supongo que estarás enterado de que Chiqui está mal de salud. Pero me dice el Padre que te lo escriba yo directamente, para que reces. Este verano pasado estaba muy bien: pero después empezó a notar molestias en la lengua, y gran dificultad para hablar y para comer. Cuando vino a Roma, el Padre le mandó ir inmediatamente a Pamplona: ya tenía paralizada la lengua, y no podía hacer pasar los alimentos a la garganta, ni pronunciar sonidos. Hizo después el curso en La Pililla y le volvieron a ver en Pamplona, donde le pusieron un régimen para dos o tres meses, y salió de nuevo hacia Alemania pasando -como le habíamos dicho- por Roma. Aquí, al verle, decidió el Padre que fuera a Alemania para recoger sus cosas, y volver otra vez a Pamplona, donde estaría mejor cuidado. Por fin, ahí, le han hecho un diagnóstico grave: una lesión no sé si cerebral (es pseudo-bulbar), es la que le produce esa parálisis. La enfermedad es progresiva y, por ahora, incurable y molestísima. Puede durar Chiqui, según los médicos, de algunos meses a uno o dos años, pero con peligro de muerte en cualquier momento. Chiqui se da cuenta de todo, pero como está preparadísimo, de momento no se le ha dicho nada, para ver cómo evoluciona la enfermedad. El Padre está, como puedes suponer, enormemente afectado: Chiqui ha sido siempre un instrumento lleno de eficacia, que ha derrochado todas sus fuerzas para servir a la Obra, alegre siempre con los sacrificios que se le pedían. Reza por él, para que el Señor, si es su Voluntad, haga un milagro: y, si no, para que conceda a Chiqui la gracia necesaria para llevar con garbo sus dolores, hasta el fin, en alabanza a Dios y para bien de toda la Obra. ¡Reza! Y acuérdate también un poco de mí, que estoy sano como nunca, para que sea bueno y fiel”.

No le faltó tampoco a Chiqui, en esos momentos duros de enfermedad, una carta de D. Álvaro: “Muy querido Chiqui: hoy, día de mi santo, me da especial alegría escribirte, para decirte lo que ya sabes: que estamos todos muy unidos a ti, para que el Señor te ayude para llevar con garbo sobrenatural y humano tu enfermedad. Como es día de mi santo, es buena ocasión para pedir regalos al Cielo: y entre los que yo pido, como regalo para mí, está todo lo que tú quieras, y lo que yo deseo para ti. Procura aumentar tu unión y tu identificación con las intenciones del Padre: la Iglesia, la Obra, todas las almas. Y no dejes de pedir también un poco por mí. Con todo cariño te recuerda siempre -muchas veces al día- y te encomienda y envía un abrazote muy fuerte tu hermano”

D. José María, en julio de 1958

D. José María, en julio de 1958

Por su parte, D. José María, sin poder hablar y con el deseo de ayudar a los que vivían en su Centro, comenzó a escribir meditaciones en esos días, que muestran la hondura de su piedad y la fidelidad acendrada de un hombre de Dios. Alfonso Nieto recuerda que “un día le pedimos que nos escribiera «algo» para hacer la meditación en la mañana siguiente, 19 de febrero de 1972, santo de D. Álvaro del Portillo. Se resistió, pero al final con su sonrisa habitual, asintió con la cabeza. Le instalamos un pequeño atril que le permitía escribir con la cabeza levantada, evitando en parte la salivación que difícilmente retenía. Al día siguiente leímos en el oratorio los folios que nos había escrito”.

Recordando los primeros pasos en la vocación de D. Álvaro escribía: “Fueron sorprendentes los rápidos progresos que hizo Álvaro en esos meses; sobre todo cuando se piensa hoy, son los frutos de los dones del Espíritu Santo, sobre todo, el de piedad y de Amor de Dios. Puedo decir que su carácter es pasar de una idea, de una palabra y llegar hasta las últimas consecuencias. Puede parecer poco importante esta virtud, pero de ella Álvaro será el fruto de ser el hombre bueno y fiel -el hijo- que más y mejor correspondió y comprendió nuestro espíritu y que mayor ayuda presta a nuestro Padre” A propósito de su lucha por vencer la timidez recordaba el comentario que le hizo con toda sencillez: “me acuerdo de la pesca milagrosa y procuro hacer lo que hizo San Pedro: «in nomine tuo laxabo rete». Recuerdo lo que me ha dicho el Padre y me acuerdo de esa escena evangélica” Concluye sus notas para la meditación del 19 de febrero resaltando la fidelidad y profunda humilidad que vivía D. Álvaro: “En suma, gracias demos a Dios porque Álvaro ha sido para nuestro Padre un regalo de Dios, un verdadero báculo que le ha servido de apoyo cuando lo ha necesitado, y que Álvaro ha sabido ser báculo y no más, a lo largo de estos años”.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s