Unas gafas perdidas

Chiqui era alegre, divertido, con sentido del humor y chispa. Sus favores también tienen este “toque” personal. Éste es una muestra.

C.M. Monterols, 1965

C.M. Monterols, Barcelona, 1965

“Unas gafas perdidas”

Diversas circunstancias, entre ellas la de haber intervenido en la información sobre diversos hechos relacionados con la vida y el recuerdo de José María Hernández Garnica, me han llevado a frecuentar la relación de confianza con él y a pedirle favores. La mayor parte, en asuntos normales de la vida ordinaria, y quizá por ello los olvido pronto y no se me ocurre contarlos con cierto detalle, como pediría un deber de gratitud.

Pero ocurre, no pocas veces, que sus respuestas a mis peticiones o a mis necesidades vienen caracterizadas por su buen humor proverbial y entonces me quedan más grabadas y me divierte también a mí escribir sobre ellas. Así me ha ocurrido hoy con lo que parece una pequeña broma. Ha sido a propósito de unas gafas que no encontraba y que por fin han aparecido.

gafas1Desde que me operaron de cataratas, suelo llevar en un estuche en el bolsillo interior de la chaqueta dos juegos de gafas: unas para mirar de lejos y otras para leer, por si en algún momento me fallan las progresivas que normalmente utilizo para adaptarme a todas las distancias. Pues resulta que hoy me he tenido que quitar varias veces la chaqueta en lugares distintos y dejarla en condiciones poco favorables para que quedara bien asegurado todo lo que tenía en los bolsillos. Y cuando he llegado a casa, me la he vuelto a quitar y por las malas condiciones en que la he dejado, se ha caído lo que llevaba en ella. He encontrado uno de los estuches, pero no el otro. He buscado por los varios rincones donde pudiera haber caído y no estaba por allí. Enseguida he pensado que Chiqui actuaría para que estuviera en un lugar determinado donde, supuestamente, se me podían haber caído. Así, tranquilamente, me he ido a descansar, esperando el día siguiente.

Y lo divertido -por lo menos para mí- ha sido que el día siguiente he encontrado la funda con esas lentes dentro, en un sitio insólito: en el interior de la manga izquierda, cuando hacía pasar por ella el brazo correspondiente y éste chocaba con un obstáculo. Así me ha evitado tener que ir anticipadamente al otro sitio, y me ha confirmado en la confianza en la intercesión de José María.

Barcelona, 13 de diciembre de 2013

F. B. B.

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