Un reloj que da presencia de Dios

San Josemaría con los tres primeros sacerdotes, en Roma, el 25-VI-1969, en el XXV aniversario de su ordenación sacerdotal
San Josemaría con los tres primeros sacerdotes, en Roma, el 25-VI-1969, en el XXV aniversario de su ordenación sacerdotal

El 25 de junio de 1969 se cumplían las bodas de plata sacerdotales de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, y san Josemaría dispuso las cosas para que lo pudieran celebrar juntos en Roma. Efectivamente, como narra Carmen Mouriz, san Josemaría fue preparando todos los detalles para ese día de fiesta. Se bordaron tres palias de gran dignidad, con fechas y motivos alusivos, para que las emplearan los tres sacerdotes en la Santa Misa de ese día. Además, había previsto san Josemaría en qué oratorio (…) la celebrarían. D. Álvaro celebró en el oratorio de Pentecostés, D. José María y D. José Luis en Villa Sachetti, en los oratorios del Corazón de María y en el Santo Cristo: “Se trataba de que todas pudiésemos participar, en la medida de lo posible, en ese destacado aniversario, en la Santa Misa de cada uno de los tres primeros sacerdotes”.

El día transcurrió en un clima sereno y de alegría. San Josemaría tuvo el santo orgullo de poder ver a sus hijos mayores en plena fecundidad apostólica, correspondiendo a la gracia de Dios. De hecho, D. Álvaro del Portillo será beatificado en Madrid el próximo 27 de setiembre y D. José María Hernández Garnica y D. José Luis Múzquiz están actualmente en proceso de beatificación.

Un tiempo después, ya en 1971, san Josemaría regaló un reloj a los tres primeros sacerdotes. D. José María, que por entonces vivía en Colonia, le escribió el 24 de enero de 1971, para agradecérselo y aprovechó la ocasión para pedirle que fuese a Alemania a verles: “Unas líneas para agradecerle el cariño que, otra vez más, me ha demostrado. El reloj me da mucha alegría y cada vez que lo miro, hago una jaculatoria pidiendo por Vd. He dicho a los de la Comisión que no dejen de encomendarle y también les he dicho que no hay ninguna seguridad pero que pidamos que su trabajo le permita pasar unos días esta primavera o este verano con nosotros”

cfr. Roturando los caminos, José Carlos Martín de la Hoz, Ed. Palabra, 2012

Unas gafas perdidas

Chiqui era alegre, divertido, con sentido del humor y chispa. Sus favores también tienen este “toque” personal. Éste es una muestra.

C.M. Monterols, 1965
C.M. Monterols, Barcelona, 1965

“Unas gafas perdidas”

Diversas circunstancias, entre ellas la de haber intervenido en la información sobre diversos hechos relacionados con la vida y el recuerdo de José María Hernández Garnica, me han llevado a frecuentar la relación de confianza con él y a pedirle favores. La mayor parte, en asuntos normales de la vida ordinaria, y quizá por ello los olvido pronto y no se me ocurre contarlos con cierto detalle, como pediría un deber de gratitud.

Pero ocurre, no pocas veces, que sus respuestas a mis peticiones o a mis necesidades vienen caracterizadas por su buen humor proverbial y entonces me quedan más grabadas y me divierte también a mí escribir sobre ellas. Así me ha ocurrido hoy con lo que parece una pequeña broma. Ha sido a propósito de unas gafas que no encontraba y que por fin han aparecido.

gafas1Desde que me operaron de cataratas, suelo llevar en un estuche en el bolsillo interior de la chaqueta dos juegos de gafas: unas para mirar de lejos y otras para leer, por si en algún momento me fallan las progresivas que normalmente utilizo para adaptarme a todas las distancias. Pues resulta que hoy me he tenido que quitar varias veces la chaqueta en lugares distintos y dejarla en condiciones poco favorables para que quedara bien asegurado todo lo que tenía en los bolsillos. Y cuando he llegado a casa, me la he vuelto a quitar y por las malas condiciones en que la he dejado, se ha caído lo que llevaba en ella. He encontrado uno de los estuches, pero no el otro. He buscado por los varios rincones donde pudiera haber caído y no estaba por allí. Enseguida he pensado que Chiqui actuaría para que estuviera en un lugar determinado donde, supuestamente, se me podían haber caído. Así, tranquilamente, me he ido a descansar, esperando el día siguiente.

Y lo divertido -por lo menos para mí- ha sido que el día siguiente he encontrado la funda con esas lentes dentro, en un sitio insólito: en el interior de la manga izquierda, cuando hacía pasar por ella el brazo correspondiente y éste chocaba con un obstáculo. Así me ha evitado tener que ir anticipadamente al otro sitio, y me ha confirmado en la confianza en la intercesión de José María.

Barcelona, 13 de diciembre de 2013

F. B. B.

11 de enero de 2014. Centenario de Dora del Hoyo

Centenario de Dora del Hoyo. Chiqui y la marcha a Roma de Dora.

dora3El 11 de enero se cumple el centenario del nacimiento de Dora del Hoyo. Nació el 11 de enero de 1914 en Boca de Huérgano, un pueblo de León, al norte de España. Hija de agricultores, era la quinta de seis hermanos. En su casa se vivía una honda fe cristiana y de su familia aprendió el amor por el trabajo bien hecho y el gusto por las tareas de la casa.

Cursó estudios elementales y, muy joven, comenzó a trabajar como empleada del hogar. En 1939, al terminar la guerra civil española, se trasladó a Madrid, en busca de un horizonte para su vida. En 1945 fue contratada en la residencia de estudiantes La Moncloa, recientemente puesta en marcha por san Josemaría. El fundador del Opus Dei encontró en Dora una ayuda inestimable para cuidar el orden y facilitar al ambiente de familia, serenidad y alegría, que deseaba que hubiera entre los más de cien estudiantes que vivían en La Moncloa. Aportó toda su inestimable experiencia en la atención de los servicios de planchado, tintorería, limpieza y cocina. También para Dora este encuentro resultó decisivo, pues descubrió una nueva dimensión de su vocación cristiana: comprendió que podía ofrecer a Dios su trabajo bien hecho, que era un medio para hacerse santa y contribuir a la santificación de los demás.

En 1946 Dora fue a colaborar en la puesta en marcha de una nueva residencia en Bilbao. En esa ciudad, el 14 de marzo de 1946, pidió la admisión en el Opus Dei para difundir, a través de su trabajo, la llamada universal a la santidad en todos los ambientes.

Dora1Meses más tarde, San Josemaría le propuso trasladarse a Roma para atender –con otras mujeres- el primer centro del Opus Dei en Roma. Rosalina López Martínez refiere sobre ese momento, y resaltando el modo tan familiar de gobernar de D. José María Hernández Garnica, “que el día 24 de diciembre nos predicó una meditación muy entrañable. Contó que nuestro Padre le había escrito desde Roma y deseaba que en cuanto se pudiera, fueran sus hijas a la Ciudad Eterna. A Dora y a mí, ya en Molinoviejo, san Josemaría nos había dicho que nos llamaría a Roma pronto: había llegado el momento. D. José María meditaba en voz alta sobre la alegría de nuestro Padre de ver la primera expansión de las mujeres… ¡al mundo entero!; sobre cómo se apoyaba toda la Obra en nuestro trabajo, apostolado de apostolados… Se notaba que el suyo era un mismo sentir con nuestro Fundador. Tres días después, el 27 de diciembre nos vinimos a Roma. D. José María se ocupó de conseguir todo lo que pensaba -o sabía- que hacía falta: desde las maletas y algunos objetos para la casa hasta una mantelería y algo de comida para los primeros momentos romanos”.

unaluzencendidaDesde ese día y hasta la fecha de su muerte, Dora, con su trabajo y su fidelidad, fue un apoyo para el fundador del Opus Dei. Trabajó con abnegación e iniciativa en la puesta en marcha de la sede central del Opus Dei y desde 1974 en el Colegio Romano de la Santa Cruz, donde universitarios de todo el mundo incrementar su formación filosófica y teológica. Por su ejemplo y buen hacer, mucha gente joven aprendió de su espíritu de santificación en el trabajo ordinario, de su sentido de responsabilidad, de su afán transmitir mundo la alegría de saberse hijos de Dios. Falleció el 10 de enero de 2004. Sus restos mortales reposan en Santa María de la Paz, Iglesia prelaticia del Opus Dei, en el mismo lugar donde se encuentran y veneran los restos del fundador, san Josemaría Escrivá de Balaguer, y de su primer sucesor,monseñor Álvaro del Portillo, reflejando así lo que Dora ha supuesto en el servicio que la Iglesia ha encomendado al Opus Dei.

Cfr. Una luz encendida. Dora del Hoyo. Javier Medina Bayo, ed. Palabra, Madrid 2011 y Roturando los caminos, José Carlos Martín de la Hoz, ed. Palabra, Madrid 2012

La lucha por dominar el carácter

En la hoja informativa publicada por la Postulación en 2013 se recoge un artículo sobre algunos rasgos del carácter de D. José María Hernández Garnica. Termina señalando que en todo intentó seguir las enseñanzas del Fundador del Opus Dei, y actuar como él lo hubiera hecho en las diversas circunstancias vitales por las que pasó.

Durante un rato de tertulia en Austria, 30-IX-1963
Durante un rato de tertulia en Austria, 30-IX-1963

Se recoge a continuación una carta a San Josemaría, escrita desde Colonia el 4 de enero de 1966, ya en su madurez, en la que manifiesta con sencillez la lucha que sostenía por dominar su carácter. Es decir, el equilibrio entre formar con paciencia y el vencer la comodidad de «dejar estar» las cosas. Resulta conmovedor ver sus esfuerzos a lo largo de la vida: “César estuvo con nosotros hasta el día 26 de diciembre. He agradecido mucho su estancia y me ha ayudado a ver algunas cosas claras. Veo que me he dejado llevar por mi carácter fuerte y no he tenido bastante paciencia. Se sufre al ver que no hacemos el trabajo como Dios quiere y, al cabo de una temporada, he dicho las cosas de modo poco delicado y, en resumen, por tanto, poco eficaz. Tengo la impresión de haber sido una inutilidad, aunque conservo un optimismo de trabajar, empujar y alentar. Tengo que reconocer que buena voluntad he puesto. Lo que no comprendo es su dosis de paciencia conmigo y darme ahora esta nueva prueba de confianza con el encargo de ir por Cataluña. Estoy seguro de que, aunque será trabajo duro, me servirá de descanso y tendré muchas alegrías al ver tanta cosa buena allí”.

Quizás porque había aprendido de san Josemaría, y por su carácter fuerte, tendía a exigir con fortaleza. Después, recogía a la persona para que no quedara herida, como también había aprendido de él. D. Alfonso Par recuerda su trato con él en Alemania: “Don José María nos echaba bastantes broncas. Siempre había un fallo claro por nuestra parte. La mayoría de las veces era falta de criterio o torpeza humana. Es posible que las reacciones, explosiones de D. José María, se debieran a su viveza, a no poder contenerse, impaciencia, etc., y también, quizá en los últimos meses, se sumaban las molestias de la enfermedad, por las dificultades en tragar, etc. Pero nos vinieron muy bien. Aprendí mucho, y yo, por mi parte, le estoy muy agradecido. «La letra con sangre entra», decimos en mi tierra. Así se me ha quedado grabado con mucha nitidez. Además, después de las broncas nos tendía una mano, nos recuperaba con cariño y con comprensión de hermano mayor, y restañaba las heridas que hubiera podido ocasionar. Si he recibido broncas -casi siempre merecidas- es mucho mayor el cariño y, desde luego, la ayuda que, en forma de broncas, he recibido de él”.

Un día –rememoraba Amelia Díaz-Guardamino– le comentó su esfuerzo por corregir a los demás con delicadeza: “El Fundador del Opus Dei le había preguntado si, aparte de los asuntos de gobierno que había tratado, tenía alguna preocupación personal de la que quisiera hablar. D. José María le comentó: «sí Padre, hay algo personal que me preocupa: que tengo mal genio y me enfado cuando se hacen las cosas mal». Nuestro Padre le tranquilizó, le dijo que siguiera luchando, que rezase, que rectificase para que nadie se quedara intranquilo, y que era bueno que tuviera un carácter fuerte, aunque esto le supusiera tener que luchar más, porque sólo así se podía sacar adelante la labor: «no se apalanca con un churro», le comentó”.

cfr. José Carlos Martín de la Hoz, Roturando los caminos, ed. Palabra, Madrid 2012