65 años de una audiencia con Pío XII. Ejemplo de amor a la Iglesia y al Romano Pontífice

Autógrafo de Pío XII a San Josemaría

Autógrafo de Pío XII a San Josemaría

A los pocos días de llegar a Roma, en junio de 1946, San Josemaría recibió una bendición autógrafa de Pío XII; la había solicitado tiempo atrás Álvaro del Portillo a Giovanni Battista Montini, sabiendo cuánta alegría iba a dar ese detalle al Fundador. El texto es el siguiente: «A nuestro amado hijo / José María Escrivá de Balaguer / Fundador de la Sociedad Sacerdotal / de la Santa Cruz y del Opus Dei / con una Bendición especial / 28 de Junio de 1946 / Pius pp. XII». José Orlandis la describía así a los directores de la Obra en España: «La bendición está escrita, toda de puño y letra del Papa en el reverso de una estampa con su efigie en que está impreso el sello en seco de su Santidad […]. Esas bendiciones, todas de puño y letra, el Papa no las concede a casi nadie. Ya podéis imaginar la alegría enorme del Padre».

Por esos años, san Josemaría quiso que el Santo Padre saludara a diversas personas del Opus Dei para que conociera la tarea que se estaba llevando a cabo en el mundo. Así, en 1948, el Siervo de Dios tuvo la alegría de ser recibido en audiencia por el Papa Pío XII. El viaje a Roma se concretó para el 21 octubre de 1948. Fue honda su preparación interior, tanto para la audiencia con el Romano Pontífice como para rezar ante la tumba de San Pedro. En una carta a D. Álvaro del Portillo, fechada el 14 de octubre, le relataba su emoción y también el gozo de haber asistido a la apertura del proceso de canonización del primer fiel del Opus Dei, Isidoro Zorzano: “El día 11 fue la sesión inaugural del proceso informativo para la canonización de Isidoro. Fue mucha gente. Una delicadeza más de la Virgen: sin buscarlo, ¡el día de la Maternidad, la primera sesión! Esta noche me dan el visado de salida, así que si el Padre no dispone otra cosa, iré seguramente el jueves próximo. Ya comprenderás que tengo una alegría enorme”.

Pío XII 2Según llegó a Roma, el mismo 21 de octubre, escribió al Fundador del Opus Dei, que estaba ausente de la ciudad eterna: “Le escribo después de cenar, en la ciudad del Papa. Hice un viaje muy bueno. (…). Tengo ganas de ver muchas cosas, para hacerme un «charlatán» y contar muchas cosas a la vuelta. Veremos si me quedo en propósitos únicamente. Álvaro pide mañana la audiencia con el Santo Padre. Veremos si no hago el tonto y sé decirle las cosas que sean útiles, bien, clara y brevemente. Pida, Padre, para que no haga el tonto ese día y no esté hecho un pasmarote”.

En todas sus tareas, y a lo largo de su vida, D. José María, fue plenamente consciente de la confianza que el Fundador había depositado en él: ayudar a las personas a vivir con fidelidad el espíritu de la Obra. Cuando llegó a Roma, se aprestó enseguida para hablar con algunas: “Mañana empezaré a hablar con ellas: me da la impresión, por el rato que he estado arriba, que están bien y contentas. La casa se ve limpia y ordenada. Comprendo lo que le hacemos sufrir por nuestro desorden. Hay veces que le pido a Dios tener mal genio y hasta ser chinche” (carta a San Josemaría, del 21 de octubre de 1948).

No se tienen más datos de esa visita al Santo Padre, pero le dejó una devoción muy honda en su alma que se manifestó a lo largo de toda su vida.

Nueve años después, en 1957, D. José María llegó a Francia. En aquella época su amor a la Iglesia y al Papa se manifestó con mayor hondura ante el fallecimiento de Pío XII y la elección del futuro beato Juan XXIII: “Dijimos los sufragios por el Papa y todos le hemos encomendado en nuestras oraciones y sacrificios. Rezamos para que el Espíritu Santo ayude a la persona que sea designada para suceder al Papa Pío XII. Ya hemos tenido el primer retiro para gente joven. Vinieron unos diez muchachos. Lo hicimos igual que el año pasado, el sábado por la tarde. Después se cena en frío y así tenemos una tertulia al terminar la cena. Todos pagan los gastos y el ambiente fue, como siempre, agradable. Todos esperamos frutos de toda esta labor. Uno de los chicos que se conocieron en los primeros tiempos,  ha entrado estos días en el Seminario de París. Nos ha dado alegría -no parecía tener las condiciones para ser del Opus Dei-, y cuando nos lo ha venido a decir ha agradecido todo lo que le había ayudado la Obra en esa decisión” (carta a san Josemaría Escrivá de Balaguer, París, 14.X.1958).

En otra carta posterior, manifiesta gozoso el comienzo del Pontificado de Juan XXIII: “Nos ha dado mucha alegría el que ya tengamos Papa y pedimos por su persona y todas sus intenciones” (carta a Laureano López Rodó, París, 4.XI.1958).

Audiencia del Beato Juan XXIII a San Josemaría y Mons. Álvaro del Portillo, el 5-III-1960

Audiencia del Beato Juan XXIII a San Josemaría y Mons. Álvaro del Portillo, el 5-III-1960

La llegada al papado del Beato Juan XXIII, que contaba con 77 años, produjo una oleada de optimismo en toda la Iglesia. En el Consistorio del 25 de enero de 1959, el Santo Padre marcó los tres grandes objetivos de su pontificado: el anuncio de un Sínodo Romano, la reforma del Código de Derecho Canónico y la convocatoria de un Concilio Ecuménico.

Como describía desde Alemania el entonces cardenal Ratzinger, testigo de excepción en esos años: “A principios de los años 60 estaba a punto de entrar en escena la generación de la posguerra; una generación que no había participado directamente en la reconstrucción, que encontraba un mundo ya reconstruido, y buscaba, en consecuencia, otros motivos de compromiso y de renovación. Había una atmósfera general de optimismo, de confianza en el progreso. Además, todos en la Iglesia, compartían la esperanza en un sereno desarrollo de su doctrina” (Informe sobre la fe, ed. BAC, Madrid 1985, p. 131).

Así pues, los años sesenta de la Iglesia en Europa se movieron entre dos polos: la preparación y recepción del Concilio Vaticano II, que trajo una doctrina muy rica, de la cual la Iglesia debe seguir extrayendo muchos frutos, y el otro polo: la aparición de un fenómeno de contestación dentro de la Iglesia que amenazó con hacer sucumbir la autoridad del Magisterio de la Iglesia. El hecho fue que, junto a grandes frutos, también se produjeron situaciones de desorientación en muchos fieles y sacerdotes. Finalmente, el desarrollo económico amenazó con secularizar muchos ambientes.

San Josemaría despide a Pablo VI a la salida del Centro Elís, 21-XI-1965

San Josemaría despide a Pablo VI a la salida del Centro Elís, 21-XI-1965

En esos años D. José María vivió con intensidad la situación de la Iglesia. Su amor al Papa y al Fundador del Opus Dei le mantenía seguro. Como narraba desde Colonia, el 23 de junio de 1963, en una carta al Fundador, estuvo pendiente del fallecimiento de Juan XXIII y de la elección de Pablo VI: “Me enteré unas pocas horas después de salir de Londres que el Cónclave había elegido nuevo Papa. Estoy seguro, como Vd. decía, que será el que más nos conviene y ya rezo por su persona para que haga mucho bien a la Iglesia durante su reinado”.

El Beato Juan Pablo II recibe a Mons. Álvaro del Portillo, acompañado de Mons. Javier Echevarría y D. Joaquín Alonso

El Beato Juan Pablo II recibe a Mons. Álvaro del Portillo, acompañado de Mons. Javier Echevarría y D. Joaquín Alonso

Audiencia de Benedicto XVI al Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría

Audiencia de Benedicto XVI al Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría

Esa preocupación la llevaría hasta el final de su vida, ofreciéndola toda ella por la Iglesia. Como recordaba D. Florencio Sánchez Bella en su testimonial: “En las conversaciones con Chiqui durante aquellos días, le vimos contento y optimista con la labor apostólica que se realizaba en Alemania, a pesar de que no era nada fácil sacarla adelante. Mostraba una gran esperanza en los resultados del Concilio Vaticano II, que se estaba celebrando. Tenía mucha caridad y sentido sobrenatural ante los escritos o las voces desacompasadas que difundían algunos teólogos alemanes, en abierto contraste con el magisterio eclesiástico. Confiaba en la acción del Espíritu Santo y en las conclusiones conciliares”

Se recoge para terminar el testimonio de D. Eusebio Bazán, que le acompañó en los últimos meses de su vida, que deja patente su fama de santidad, y su amor a la Iglesia y al Papa:

El Papa Francisco recibe a Mons. Javier Echevarría

El Papa Francisco recibe a Mons. Javier Echevarría

 

“No le importaba absolutamente nada ni su diagnóstico, ni su salud, ni su futuro; ni tampoco el morir. Tan sólo le preocupaba en la medida que le afectara a nuestro Padre. A su vez, notaba una gran paz, porque no se sentía ni necesario ni imprescindible, como lo pudo ser, en cierta medida, en otros momentos de la historia de la Obra en los que nuestro Fundador se apoyó, de modo muy especial, para la expansión del Opus Dei, en los primeros que estuvieron a su lado. Ahora, manifestaba que no tenía esa preocupación, porque la Obra ya estaba desarrollada en todo el mundo y su papel era -y así lo hacía y había hecho siempre- ofrecer su vida y su enfermedad por el Padre y sus intenciones, por el Papa, por la Iglesia y por la Obra. Y por eso, tenía una gran paz y sentía un gran abandono en cumplir la Voluntad de Dios, también, en esos momentos, de inactividad, por su enfermedad”.

Extraido de ROTURANDO LOS CAMINOS. José Carlos Martín de la Hoz, Ed. Palabra, 2012.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a 65 años de una audiencia con Pío XII. Ejemplo de amor a la Iglesia y al Romano Pontífice

  1. Pingback: El amor de Chiqui a la Iglesia y al Papa. A propósito del Sínodo de la familia | José María Hernández Garnica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s