65 años de una audiencia con Pío XII. Ejemplo de amor a la Iglesia y al Romano Pontífice

Autógrafo de Pío XII a San Josemaría
Autógrafo de Pío XII a San Josemaría

A los pocos días de llegar a Roma, en junio de 1946, San Josemaría recibió una bendición autógrafa de Pío XII; la había solicitado tiempo atrás Álvaro del Portillo a Giovanni Battista Montini, sabiendo cuánta alegría iba a dar ese detalle al Fundador. El texto es el siguiente: «A nuestro amado hijo / José María Escrivá de Balaguer / Fundador de la Sociedad Sacerdotal / de la Santa Cruz y del Opus Dei / con una Bendición especial / 28 de Junio de 1946 / Pius pp. XII». José Orlandis la describía así a los directores de la Obra en España: «La bendición está escrita, toda de puño y letra del Papa en el reverso de una estampa con su efigie en que está impreso el sello en seco de su Santidad […]. Esas bendiciones, todas de puño y letra, el Papa no las concede a casi nadie. Ya podéis imaginar la alegría enorme del Padre».

Por esos años, san Josemaría quiso que el Santo Padre saludara a diversas personas del Opus Dei para que conociera la tarea que se estaba llevando a cabo en el mundo. Así, en 1948, el Siervo de Dios tuvo la alegría de ser recibido en audiencia por el Papa Pío XII. El viaje a Roma se concretó para el 21 octubre de 1948. Fue honda su preparación interior, tanto para la audiencia con el Romano Pontífice como para rezar ante la tumba de San Pedro. En una carta a D. Álvaro del Portillo, fechada el 14 de octubre, le relataba su emoción y también el gozo de haber asistido a la apertura del proceso de canonización del primer fiel del Opus Dei, Isidoro Zorzano: “El día 11 fue la sesión inaugural del proceso informativo para la canonización de Isidoro. Fue mucha gente. Una delicadeza más de la Virgen: sin buscarlo, ¡el día de la Maternidad, la primera sesión! Esta noche me dan el visado de salida, así que si el Padre no dispone otra cosa, iré seguramente el jueves próximo. Ya comprenderás que tengo una alegría enorme”.

Pío XII 2Según llegó a Roma, el mismo 21 de octubre, escribió al Fundador del Opus Dei, que estaba ausente de la ciudad eterna: “Le escribo después de cenar, en la ciudad del Papa. Hice un viaje muy bueno. (…). Tengo ganas de ver muchas cosas, para hacerme un «charlatán» y contar muchas cosas a la vuelta. Veremos si me quedo en propósitos únicamente. Álvaro pide mañana la audiencia con el Santo Padre. Veremos si no hago el tonto y sé decirle las cosas que sean útiles, bien, clara y brevemente. Pida, Padre, para que no haga el tonto ese día y no esté hecho un pasmarote”.

En todas sus tareas, y a lo largo de su vida, D. José María, fue plenamente consciente de la confianza que el Fundador había depositado en él: ayudar a las personas a vivir con fidelidad el espíritu de la Obra. Cuando llegó a Roma, se aprestó enseguida para hablar con algunas: “Mañana empezaré a hablar con ellas: me da la impresión, por el rato que he estado arriba, que están bien y contentas. La casa se ve limpia y ordenada. Comprendo lo que le hacemos sufrir por nuestro desorden. Hay veces que le pido a Dios tener mal genio y hasta ser chinche” (carta a San Josemaría, del 21 de octubre de 1948).

No se tienen más datos de esa visita al Santo Padre, pero le dejó una devoción muy honda en su alma que se manifestó a lo largo de toda su vida.

Nueve años después, en 1957, D. José María llegó a Francia. En aquella época su amor a la Iglesia y al Papa se manifestó con mayor hondura ante el fallecimiento de Pío XII y la elección del futuro beato Juan XXIII: “Dijimos los sufragios por el Papa y todos le hemos encomendado en nuestras oraciones y sacrificios. Rezamos para que el Espíritu Santo ayude a la persona que sea designada para suceder al Papa Pío XII. Ya hemos tenido el primer retiro para gente joven. Vinieron unos diez muchachos. Lo hicimos igual que el año pasado, el sábado por la tarde. Después se cena en frío y así tenemos una tertulia al terminar la cena. Todos pagan los gastos y el ambiente fue, como siempre, agradable. Todos esperamos frutos de toda esta labor. Uno de los chicos que se conocieron en los primeros tiempos,  ha entrado estos días en el Seminario de París. Nos ha dado alegría -no parecía tener las condiciones para ser del Opus Dei-, y cuando nos lo ha venido a decir ha agradecido todo lo que le había ayudado la Obra en esa decisión” (carta a san Josemaría Escrivá de Balaguer, París, 14.X.1958).

En otra carta posterior, manifiesta gozoso el comienzo del Pontificado de Juan XXIII: “Nos ha dado mucha alegría el que ya tengamos Papa y pedimos por su persona y todas sus intenciones” (carta a Laureano López Rodó, París, 4.XI.1958).

Audiencia del Beato Juan XXIII a San Josemaría y Mons. Álvaro del Portillo, el 5-III-1960
Audiencia del Beato Juan XXIII a San Josemaría y Mons. Álvaro del Portillo, el 5-III-1960

La llegada al papado del Beato Juan XXIII, que contaba con 77 años, produjo una oleada de optimismo en toda la Iglesia. En el Consistorio del 25 de enero de 1959, el Santo Padre marcó los tres grandes objetivos de su pontificado: el anuncio de un Sínodo Romano, la reforma del Código de Derecho Canónico y la convocatoria de un Concilio Ecuménico.

Como describía desde Alemania el entonces cardenal Ratzinger, testigo de excepción en esos años: “A principios de los años 60 estaba a punto de entrar en escena la generación de la posguerra; una generación que no había participado directamente en la reconstrucción, que encontraba un mundo ya reconstruido, y buscaba, en consecuencia, otros motivos de compromiso y de renovación. Había una atmósfera general de optimismo, de confianza en el progreso. Además, todos en la Iglesia, compartían la esperanza en un sereno desarrollo de su doctrina” (Informe sobre la fe, ed. BAC, Madrid 1985, p. 131).

Así pues, los años sesenta de la Iglesia en Europa se movieron entre dos polos: la preparación y recepción del Concilio Vaticano II, que trajo una doctrina muy rica, de la cual la Iglesia debe seguir extrayendo muchos frutos, y el otro polo: la aparición de un fenómeno de contestación dentro de la Iglesia que amenazó con hacer sucumbir la autoridad del Magisterio de la Iglesia. El hecho fue que, junto a grandes frutos, también se produjeron situaciones de desorientación en muchos fieles y sacerdotes. Finalmente, el desarrollo económico amenazó con secularizar muchos ambientes.

San Josemaría despide a Pablo VI a la salida del Centro Elís, 21-XI-1965
San Josemaría despide a Pablo VI a la salida del Centro Elís, 21-XI-1965

En esos años D. José María vivió con intensidad la situación de la Iglesia. Su amor al Papa y al Fundador del Opus Dei le mantenía seguro. Como narraba desde Colonia, el 23 de junio de 1963, en una carta al Fundador, estuvo pendiente del fallecimiento de Juan XXIII y de la elección de Pablo VI: “Me enteré unas pocas horas después de salir de Londres que el Cónclave había elegido nuevo Papa. Estoy seguro, como Vd. decía, que será el que más nos conviene y ya rezo por su persona para que haga mucho bien a la Iglesia durante su reinado”.

El Beato Juan Pablo II recibe a Mons. Álvaro del Portillo, acompañado de Mons. Javier Echevarría y D. Joaquín Alonso
El Beato Juan Pablo II recibe a Mons. Álvaro del Portillo, acompañado de Mons. Javier Echevarría y D. Joaquín Alonso

Audiencia de Benedicto XVI al Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría
Audiencia de Benedicto XVI al Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría

Esa preocupación la llevaría hasta el final de su vida, ofreciéndola toda ella por la Iglesia. Como recordaba D. Florencio Sánchez Bella en su testimonial: “En las conversaciones con Chiqui durante aquellos días, le vimos contento y optimista con la labor apostólica que se realizaba en Alemania, a pesar de que no era nada fácil sacarla adelante. Mostraba una gran esperanza en los resultados del Concilio Vaticano II, que se estaba celebrando. Tenía mucha caridad y sentido sobrenatural ante los escritos o las voces desacompasadas que difundían algunos teólogos alemanes, en abierto contraste con el magisterio eclesiástico. Confiaba en la acción del Espíritu Santo y en las conclusiones conciliares”

Se recoge para terminar el testimonio de D. Eusebio Bazán, que le acompañó en los últimos meses de su vida, que deja patente su fama de santidad, y su amor a la Iglesia y al Papa:

El Papa Francisco recibe a Mons. Javier Echevarría
El Papa Francisco recibe a Mons. Javier Echevarría

 

“No le importaba absolutamente nada ni su diagnóstico, ni su salud, ni su futuro; ni tampoco el morir. Tan sólo le preocupaba en la medida que le afectara a nuestro Padre. A su vez, notaba una gran paz, porque no se sentía ni necesario ni imprescindible, como lo pudo ser, en cierta medida, en otros momentos de la historia de la Obra en los que nuestro Fundador se apoyó, de modo muy especial, para la expansión del Opus Dei, en los primeros que estuvieron a su lado. Ahora, manifestaba que no tenía esa preocupación, porque la Obra ya estaba desarrollada en todo el mundo y su papel era -y así lo hacía y había hecho siempre- ofrecer su vida y su enfermedad por el Padre y sus intenciones, por el Papa, por la Iglesia y por la Obra. Y por eso, tenía una gran paz y sentía un gran abandono en cumplir la Voluntad de Dios, también, en esos momentos, de inactividad, por su enfermedad”.

Extraido de ROTURANDO LOS CAMINOS. José Carlos Martín de la Hoz, Ed. Palabra, 2012.

El viaje “exploratorio” a la ermita de Torreciudad

21 de octubre de 1956; D. José María Hernańdez Garnica con otros tres salen de Bolturina a «explorar» la ermita de Torreciudad. La víspera, D. José María había llegado de Madrid con una estampa de la Virgen de Torreciudad, que San Josemaría había enviado desde Roma.

Grabado de la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad con anotación autógrafa al margen de San Josemaría, recordando la primera vez que fue a la ermita, en brazos de su madre, en 1904
Grabado de la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad con anotación autógrafa al margen de San Josemaría, recordando la primera vez que fue a la ermita, en brazos de su madre, en 1904

En 1904 la madre de san Josemaría llevó allí a su hijo cuando apenas tenía dos años de edad. Aunque había nacido sano, sufrió una enfermedad infecciosa muy grave cuando tenía alrededor de año y medio. El médico de cabecera, Ignacio Camps Valdovinos, que era amigo de su padre, José Escrivá, llegó a decirle que de esa noche no pasaría. Los padres de san Josemaría reaccionaron como buenos cristianos y, después de rezar abandonándose en la Voluntad de Dios, prometieron que si el niño sanaba, lo llevarían en peregrinación a la ermita de Torreciudad. A la mañana siguiente el doctor Camps fue a visitar la casa de los Escrivá y preguntó a qué hora había muerto el niño. José Escrivá le respondió que se había curado, lo que pudo comprobar el propio médico. Tiempo después, cumplieron la promesa y peregrinaron en acción de gracias a Torreciudad.

Pasaron los años. En 1956 San Josemaría envió al Consiliario del Opus Dei en España un folleto que incluía dos páginas relativas a Nuestra Señora de Torreciudad. San Josemaría había escrito en una de las páginas: A esta ermita me llevó mi madre, después de mi curación, cuando yo tenía un par de años: porque -repetía siempre- desahuciado por el médico, me curó la Ssma. Virgen.

Aspecto de la ermita de Torreciudad y el valle del Cinca, antes de la construcción del embalse y del santuario
Aspecto de la ermita de Torreciudad y el valle del Cinca, antes de la construcción del embalse y del santuario

El sábado 20 de octubre de 1956, D. José María Hernández Garnica, fue desde Madrid a Zaragoza. En el laboratorio de Geografía de la Facultad de Letras, se reunió con D. José Orlandis y José Manuel Casas Torres, catedráticos de Historia del Derecho y de Geografía, respectivamente, con el fin de buscar en los mapas la situación exacta de Torreciudad. No aparecía en los mapas disponibles y, después de mucho buscar, por fin encontraron una referencia en una obra publicada en 1798, la “Historia de la Economía Política de Aragón”, de Ignacio Jordán de Asso, cuya reedición había dirigido poco antes el profesor Casas Torres. En uno de los mapas aparecía Bolturina y, como conocían su cercanía a Torreciudad, pudieron por fin fijar el recorrido.

Al día siguiente, domingo 21, fueron en coche con D. Juan Domingo Celaya, para visitar la ermita y ver sobre el terreno dónde estaba Torreciudad. Llegaron hasta Bolturina, que resultó ser un pueblo muy pequeño y medio abandonado, donde sólo vivían unos ocho o diez vecinos. Allí preguntaron a una mujer del pueblo por el camino para ir a Torreciudad y también si había allí alguna persona que tuviera las llaves de la ermita y pudiese abrirla. La mujer respondió que durante el verano en la casa adosada a la ermita vivía una santera, pero cuando avanzaba el otoño cerraba la casa y se bajaba al pueblo. Al insistir ellos para tratar de averiguar dónde estaría ahora la santera, la mujer les contestó: “Si encontrarán la ermita abierta no se lo puedo decir; pero ustedes de todos modos vayan, que aunque la encuentren cerrada la Virgen igual se lo ha de agradecer”.

Imagen de Nuestra Señora de Torreciudad
Imagen de Nuestra Señora de Torreciudad

Con esas informaciones continuaron por el camino que aquella mujer les había indicado. “Tardaríamos alrededor de una hora en llegar, recuerda D. Juan Domingo Celaya. En un cierto momento -continúa-, al llegar a la cuerda de la montaña pudimos ver en el extremo de la ladera la ermita, como colgada sobre unos escarpados muy abruptos -quizá de unos cien metros de altura- que caían en vertical sobre el cauce del Cinca”. El paisaje era muy árido, monte pedregoso, de tipo erial, con vegetación esteparia, salvo unas parcelas mejores en las que se cultivaban cereales. Se veían tan sólo unos almendros cerca de la ermita y la atalaya cercana a ella. A lo lejos, hacia el Norte, se veían los Pirineos. Existía el proyecto de levantar una presa en El Grado, y hacer un embalse que embellecería notablemente el paisaje, pero entonces no habían empezado las obras.

“Encontramos la ermita abierta -continúa D. Juan Domingo-, y allí estaba la santera con varias chicas de El Grado que habían subido a rezar a la Virgen. Entramos en la ermita y rezamos un buen rato delante de la Virgen, para agradecerle el gran favor que medio siglo antes nos había hecho. Luego sacamos varias fotos de la Virgen. Pudimos incluso dar la vuelta a la Virgen en el camarín, para retratarla con más luz y más cerca. La Virgen iba cubierta con un manto, y tanto de Ella como del Niño tan sólo quedaban al descubierto la cabeza y las manos, por lo que no podía apreciarse la calidad de la talla. Sacamos también fotos del interior y del exterior de la ermita”. La antigua ermita se encontraba medio en ruinas. Durante la guerra civil española habían destrozado el retablo y quemado los enseres de culto. Afortunadamente, un vecino logró salvar la imagen de la Virgen escondiéndola entre las peñas.

Santuario de Torreciudad
Santuario de Torreciudad

Como se había hecho tarde y estaban lejos de un lugar poblado, preguntaron a la santera si les podría preparar algo para comer. Ella dijo que mataría un pollico de los que tenía y se lo guisaría. Mientras tanto, recorrieron la atalaya y alrededores y rezaron por las gestiones que había que emprender para conseguir que algún día pudiesen realizarse los planes de piedad y devoción a la Virgen en Torreciudad que San Josemaría tenía. La santera había preparado el almuerzo en el pequeño comedor de la hospedería, ayudada por las chicas de El Grado, que se quedaron allí para eso, y sirvieron la comida. Pagaron a la santera y al querer dar una propina a las chicas, éstas no quisieron tomarla, diciendo que habían tenido mucho gusto en servir a unos sacerdotes y unos peregrinos, y que lo hacían por devoción a la Virgen.

Regresaron a Bolturina por el mismo camino que a la venida, “con la impresión -recuerda D. José Orlandis- de que, con criterios prudentes en lo humano, nada cabía hacer en aquel lejano e inhóspito paraje donde se encontraba la ermita. Era precisa la recia fe y el encendido amor a la Virgen del Fundador del Opus Dei para acometer una “locura” más y conseguir el “imposible” de transformar lo que habíamos visto aquel día en lo que hoy es el santuario de Torreciudad”. De paso hacía Zaragoza se detuvieron en Barbastro para visitar a D. Santos Lalueza, Vicario General de la diócesis.

Mayo de 1975. San Josemaría rezando ante el retablo de la Ermita
Mayo de 1975. San Josemaría rezando ante el retablo de la Ermita

Un mes más tarde, el 24 de noviembre, volvieron a Barbastro D. José María Hernández Garnica y D. José Orlandis para ver al Obispo D. Segundo García de la Sierra y tratar de los futuros planes para Torreciudad. D. Santos había preparado la visita y el Obispo se mostró en principio bien dispuesto con vistas a una posible cesión de la ermita a la Obra, aunque en esta primera visita no se concretó ninguna fórmula de solución. Así se iniciaron las gestiones que se prolongarían unos años hasta que por fin pudieran iniciarse las obras de construcción del nuevo santuario.

Recuerda D. Florencio Sánchez Bella en su testimonial que “cuando se iniciaron los trabajos de construcción del nuevo santuario, Chiqui se llevó una gran alegría. Entendió perfectamente la magnitud de la obra que se emprendía gracias al amor a la Virgen que tenía el Padre. En las distintas ocasiones en que nos encontramos a lo largo de aquellos años, se interesó por la marcha de las obras, y nos animaba a vencer todos los obstáculos que se presentaban. Decía que daríamos una alegría muy grande al Padre, y que cuando se concluyesen sería un lugar espléndido para fomentar peregrinaciones de todos los sitios para honrar a la Santísima Virgen, logrando conversiones y el fomento de la piedad mariana”

Mayo de 1975. San Josemaría contemplando el retablo del santuario, acompañado por don Álvaro
Mayo de 1975. San Josemaría contemplando el retablo del santuario, acompañado por don Álvaro

El Siervo de Dios fallecería sin ver terminado el santuario de Torreciudad. San Josemaría estuvo por última vez en mayo de 1975, un mes antes de su marcha al Cielo.

cfr. Barbastro y el Beato Josemaría Escrivá, Manuel Garrido, Ed. Ayuntamiento de Barbastro, 1995; El Fundador del Opus Dei (Tomo III), Andrés Vázquez de Prada, Ed. Rialb, 2003; Roturando los caminos, José Carlos Martín de la Hoz, Ed. Palabra, 2012.

Acto inaugural del Centenario

Durante un rato de tertulia en Austria (1963)
Durante un rato de tertulia en Austria (1963)

Ya está concretado el acto inaugural del Centenario de D. José María Hernández Garnica que organiza la iglesia de Santa María de Montalegre. Tendrá lugar el lunes 18 de noviembre a las 19h. en la Facultad de Comunicación Blanquerna, de la Universidad Ramón Llull (C/. Valldonzella, 23, 08001 Barcelona), junto a Montalegre.

El acto dará comienzo a las 19h. con una presentación del Centenario y de los actos previstos, a cargo de la comisión organizadora, así como del “logo” que se ha diseñado para este aniversario. Se proyectará un breve documental sobre la vida de D. José María y se contará con una amena exposición-coloquio con el postulador de la causa, D. José Carlos Martín de la Hoz.

Quienes antes deseen asistir a la santa misa, podrán hacerlo a las 18h. en la capilla del Santísimo de la iglesia de Santa María de Montalegre, donde reposan los restos del Siervo de Dios.

El acto habrá concluido a las 20h.15′ para facilitar el regreso de quienes hayan venido de ciudades alejadas; en concreto, se cuenta con facilitar el desplazamiento hasta la estación de Sants, para poder estar allí antes de las 21h.00′.

En breve se distribuirá el tarjetón de invitación y se completarán otros detalles, pero interesa dar a conocer ya el acto, para facilitar la asistencia de muchos.

A 37 días del Centenario. Empieza la cuenta atrás

Con San Josemaría el 25 de marzo de 1959
Con San Josemaría el 25 de marzo de 1959

Efectivamente, el 17 de noviembre se cumple el centenario del nacimiento de D. José María Hernández Garnica. Con este motivo, la comisión de Montalegre que impulsa la devoción a este Siervo de Dios está preparando unas iniciativas, que se prolongarán a lo largo de todo un año, que sirvan para dar a conocer su vida, de manera que se difunda más su devoción y sean muchos los que puedan beneficiarse de este eficaz intercesor.

Mantente al día de este evento a través de esta página web, suscribiéndote al servicio de noticias, o también a través de la cuenta de twitter (@JMHGarnica) o de Facebook (José María Hernández Garnica)…. Y dalo a conocer a muchos.

De entrada conviene reservarse la tarde del lunes 18 de noviembre, porque tendrá lugar el acto inaugural del Centenario. Contará con la presencia de D. José Carlos Martín de la Hoz, postulador de la Causa. En breve se podrán conocer los detalles de este acto y se irán anunciando otras iniciativas. No dejes de seguirlo.

Queremos hacer este año del Centenario con la colaboración de cuantos le tienen devoción, utilizando como canal de comunicación esta web, que se irá enriqueciendo con los testimonios y favores que se vayan recibiendo. Y porque D. José María contribuyó a la expansión del Opus Dei en los inicios de muchos países de Europa, se quiere enriquecer el apartado “Por Europa” de esta web con recuerdos y fotografías que diferentes personas nos vayan facilitando de los lugares donde desarrolló la labor apostólica y de las iniciativas que promovió junto a los primeros de esas tierras. Esperamos tu contribución. Será un buen modo de mostrar ese rasgo tan señalado de su personalidad que fue la de ser un buen apoyo de San Josemaría para hacer el Opus Dei por los países de Europa, adaptándose a mentalidades y culturas tan diversas y superando las dificultades idiomáticas.

En breve irán apareciendo nuevos detalles del Centenario.

Necesitamos también tus sugerencias. Puedes hacérnoslas llegar a través de esta web o también a la dirección de correo electrónico josemariahernandezgarnica@gmail.com

Los santos se «miden» por metros

¿Qué sentido tienen los favores que Dios concede a través de los santos? ser modelos e intercesores para el pueblo de Dios.

Y ¿cómo se puede medir la fama de santidad de una persona?: por metros.

Respuestas del Postulador de la causa de D. José María Hernández Garnica, y unos favores.

Acto de presentación de ABRIENDO HORIZONTES. Semblanza de José María Hernández Garnica, por D. José Carlos Martín de la Hoz en la Facultad de Comunicación Blanquerna. Barcelona, el 20 de mayo de 2010.

Octubre de 1951. El primer Congreso General de las mujeres del Opus Dei

117En 1950 el Fundador del Opus Dei constituyó la Asesoría Central, órgano de gobierno de las mujeres de la Obra. De esa época recuerda Cruz Tabernero: “En Los Rosales (D. José María Hernández Garnica) nos consiguió un mueble-cómoda para dirección, que resultó ser la pieza clave para el trabajo de Rosario Orbegozo, que era la que entonces tenía que relacionarse con las Numerarias que hacían cabeza en los países donde ya vivíamos (Méjico, Chicago, Italia, Irlanda, y no sé si alguno más). Cuando lo trajo, nos contó que nuestro Padre solía decir que «por algo se empieza: primero es un armario, luego una habitación, después un piso y al final, la casa»”. A su vez, Rosario Orbegozo recuerda que “cuando ya se constituyó la Asesoría regional, D. José María estuvo muy pendiente de enseñarnos a funcionar. Teníamos una confianza ilimitada en él, y le preguntábamos todo lo que no sabíamos resolver».

 Un momento conmovedor fue el año 1951. Un año después de la aprobación Pontificia tuvo lugar el primer Congreso General de las mujeres del Opus Dei. De acuerdo con los Estatutos de la Prelatura, los Congresos tienen como objetivo analizar la labor apostólica desarrollada durante el período anterior y proponer directrices generales al Prelado del Opus Dei para su futura actividad pastoral. El Prelado, que cuenta con un consejo para hombres (Consejo General) y otro para las mujeres (Asesoría Central), procede a la renovación de esos consejos.

 Llegaron a Madrid desde todos los países donde se trabajaba. Para ayudar al Fundador en los trabajos de esos días estaba el Siervo de Dios, D. José María Hernández Garnica.

Calle Lagasca Como narraba Lourdes Toranzo: “El día 1 de octubre de 1951 llegó a Madrid, para asistir al Congreso General, Guadalupe Ortiz de Landázuri que llevaba en México un año y medio. La esperaban en el aeropuerto Rosario y Nisa, que había llegado ya de Chicago. En viaje aparte llegó D. José María enviado por el Padre por si se presentaba alguna dificultad. El día 4 llegó a España el Padre que, antes de reunir a sus hijos, hizo viajes a Santuarios de Nuestra Señora: el Pilar, Lourdes, Fátima. Al día siguiente de finalizar el Congreso, el Padre reunió en Lagasca a las Numerarias que iban a formar parte de la Asesoría Central. Con el Padre estaba D. José María Hernández Garnica”.

 A partir de 1950, con la aprobación definitiva del Opus Dei por la Santa Sede -el 16 de junio de 1950-, tuvo lugar un crecimiento de la labor apostólica con personas casadas, y pidieron la admisión un buen grupo de Supernumerarias que, con la misma vocación, se entregan plenamente a Dios en su profesión, el propio hogar y las ocupaciones familiares.

Estudiantes de la residencia Zurbarán
Estudiantes de la residencia Zurbarán

 Lo escribía en una carta desde Madrid a san Josemaría, el 21 de noviembre de 1951: “Hoy hemos tenido el segundo retiro de señoras: ha estado lleno el oratorio de Zurbarán y a 13 de enero, tendrán la primera tanda de ejercicios espirituales de este curso. Ya se han recibido peticiones en Madrid de señoras que se venían tratando, y se podrá tener la primera semana de convivencia al principio del mes de mayo. También se empieza a mover en Barcelona y Valencia”.

 Ya en 1948, san Josemaría empezó a preparar alguien que ayudara a D. José María en la atención de la labor con mujeres en España. El 26 de noviembre de 1950, el Consejo General de la Obra quedó constituido como organismo distinto de la Comisión Regional de España. D. José María Hernández Garnica continuó como Sacerdote Secretario del Consejo General. Como Sacerdote Secretario en España fue nombrado D. José López Navarro. Así lo comenta en una carta a San Josemaría: “Padre, no le he dicho en otras cartas, aunque con Paco sí lo he hablado, que estoy muy contento con José López Navarro: estamos muy unidos, me ayuda mucho y es muy humilde y obediente. Para mí es una tranquilidad muy grande el que me haya puesto Vd. para ayudarme a una persona tan buena y que me ayuda tanto”.

 Una vez que D. José María contaba con una persona que le ayudaba en sus trabajos ordinarios, el Fundador del Opus Dei pudo apoyarse en él para realizar viajes con el fin de impulsar el crecimiento y la consolidación de los apostolados del Opus Dei en diversos lugares del mundo.

 De Roturando los caminos, José Carlos Martín de la Hoz, Ed. Palabra, 2012