Subir y bajar; servir. En la “lingerie” de boulevard Saint Germain (París, 15-IX-59)

D. José María Hernández Garnica llegó a París el 22 de noviembre de 1957 como Consiliario del Opus Dei en Francia. Antes se puso en las manos de la Virgen: “Llegué ayer a París; antes tuve la suerte doble de pasar por Lourdes. Confío en que encomendáis mucho la labor de París y veremos cómo se pone esto en marcha. Soy optimista, aunque la realidad que me encuentro no es todo lo positiva que desearíamos” (Carta a Severino Monzó, París 23.XI.1957). Cuando llegó a París en 1957, hacía ya varios años que trabajaban allí personas del Opus Dei. Después de mucho trabajar, en enero de 1959 llegarían las primeras vocaciones francesas.

Con San Josemaría y D. Álvaro. París, 3 de febrero de 1959

Con San Josemaría y D. Álvaro. París, 3 de febrero de 1959

En D. José María la entrega a Dios tenía aire de normalidad. A los pocos meses de llegar los frutos apostólicos, es requerido por el Fundador para nuevas tareas. A la vista de la buena experiencia de su estancia en París, san Josemaría pensó en él para realizar la misma función en otros lugares de Europa. Es decir, impulsar el crecimiento de las labores y llevar el espíritu del Opus Dei a otros países.

Tal era la confianza que san Josemaría depositaba en él, que le encomendó realizar las gestiones para preparar a su sucesor en París. Lo escribía en esta carta en la que narra el viaje realizado a España para preparar el nombramiento de la persona que le sustituirá: “Salí de París el 28 al mediodía y esa mañana recibí unas letras de Álvaro de su parte. Llegué a Madrid el sábado por la noche, y hoy por la mañana ha venido Álvaro Calleja (de Valencia). Le he planteado el asunto que me traía y está totalmente de acuerdo y en muy buenas disposiciones para ir a trabajar. Comprende bien el papel que tiene que desempeñar. Se vuelve enseguida a Valencia y pondrá en contacto a quien le sustituye. Estará en París el 15 más o menos de este mes. Padre, pida por mí para que sea buen hijo y le sirva Vd. y a Dios donde me ponga” (Carta a san Josemaría Escrivá de Balaguer, Madrid, 1.IX.1959).

París, 4 de enero de 1959

París, 4 de enero de 1959

Efectivamente, el 15 de septiembre se produjo el relevo en Francia y queda a la espera de lo que el Fundador le diga. Así se lo cuenta en una carta unos días después: “Ya se ha incorporado Álvaro Calleja a sus funciones. Tengo muy buena impresión y creo, fundamentalmente, que todo funcionará mejor que antes. Se le ve piadoso y con mucho afán apostólico. Hasta ahora, y así será siempre, muy unidos, y todo lo que propone con sentido común. Como es lógico él tiene mi antiguo cuarto y yo me he instalado en la lingerie. Ya puede figurarse, Padre, que mañana pediremos mucho al Señor por Vd. en una fecha que nos lleva a dar tantas gracias a Dios, y para que consiga hacer de todos sus hijos de estas tierras instrumentos dóciles y eficaces” (Carta a san Josemaría Escrivá de Balaguer, París, 1.X.1959).

El hecho de dejar su habitación al nuevo Consiliario es un detalle que refleja en su carta sin darle ninguna importancia, pero que muestra su entrega generosa, pues pasó a dormir en un pequeño cuarto donde se guardaban los instrumentos para arreglos domésticos. Guy Léonardon fue testigo: “Le veo también instalado en una pequeña habitación (en realidad una estrecha habitación de ropa blanca) del boulevard Saint Germain, con una cama abatible de un armario, muy incómodo: leía, creo, un libro de electricidad general, que yo había adquirido para mis estudios”.

Su generosa entrega, en ese detalle y en otros muchos, no pasó inadvertida, como subrayaba Amelia Díaz-Guardamino en su testimonio: “Su ejemplo era tan elocuente que sus palabras cobraban una fuerza arrolladora. Así se comprende que las pocas que vivían en Francia, en ese Centro de las afueras de París, en Neully-sur-Seine, que se había puesto en marcha un año antes, estuvieran desoladas ante la marcha de D. José María que, aunque seguiría siendo Delegado de Francia, trasladaba su domicilio a Londres. Les había ayudado enormemente durante ese primer año de trabajo, no sólo en lo material, sino sobre todo con sus orientaciones, con el espíritu sobrenatural que les había infundido, con la vibración apostólica y el optimismo que les transmitía y con el toque de constante buen humor que ponía en la vida en familia”.

Selección de Roturando los caminos. José Carlos Martín de la Hoz, ed. Palabra, 2012

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