El fallecimiento del padre de Chiqui, 28-VIII-1934

José María Hernández Delás, padre de "Chiqui"
José María Hernández Delás, padre de «Chiqui»

El padre de D. José María se llamaba José María Hernández Delás, y había nacido en Valencia, en 1871. Provenía de una familia de marinos. Su padre, José María Hernández García de Quesada, natural de Motril (Granada), criado en Barcelona, era marino y había participado en diversas misiones en el Atlántico y en Filipinas; finalmente fue Comandante de Marina de Tarragona. Se casó con Concepción Delás y Foxá, natural de Girona (cfr. J. F. GONZÁLEZ DE CASTEJÓN, Genealogía de la familia Hernández, edición particular, Madrid 2009).

José María Hernández Delás era el mayor de tres hermanos. Cursó sus estudios de bachillerato en Barcelona. Se trasladó a Madrid para estudiar la prestigiosa carrera de Ingeniero de Caminos. Lucía una barba muy elegante. Después de concluir los estudios se decidió por la investigación y desarrollo de la electricidad en España.

Era un hombre recto, sereno, de carácter fuerte. Tenía, como era normal entre los ingenieros de la época, una gran admiración por Alemania, adonde había viajado muchas veces. En uno de los viajes a París adquirió uno de los primeros coches que circularon en España. Su mentalidad europea le llevó a procurar que sus hijos aprendieran alemán, además de inglés y francés.

Desarrolló su categoría profesional y buen hacer en la empresa Electra de la capital de España, hasta que en 1920 ascendió a Inspector del Cuerpo de Ingenieros. Desde 1929, perteneció al Consejo de Obras Públicas del Ministerio de Fomento.

Los padres de José María, Adela y José María se conocieron en Madrid. Tras un noviazgo al estilo de la época, que comenzó en el madrileño Parque del Retiro, se comprometieron. Estuvieron siempre muy enamorados. La boda se celebró el 10 de abril de 1899 en el Palacio episcopal de Madrid y bendijo el enlace Mons. José María de Cos, entonces Obispo de Madrid-Alcalá.

Procuraron dar una esmerada educación cristiana a sus hijos. Vivieron en Madrid, en el barrio de Salamanca. Primero, en el número 49 de la calle Claudio Coello. Posteriormente se trasladaron a Recoletos número 10, esquina a la calle Villalar y, finalmente, a Conde de Aranda número 14.

El 28 de agosto de 1934, mientras estaban veraneando en Noja, el padre de Chiqui empezó a tener grandes dolores. Le trasladaron al hospital de Santander, donde murió a las pocas horas, a causa de una peritonitis. Se da la circunstancia de que un año antes había fallecido Joaquín Hernández Delás, el hermano de su padre, de una septicemia fulminante.

Este inesperado fallecimiento supuso un duro golpe para Chiqui, le dio que pensar y le llevó a replantearse el sentido de su existencia y la necesidad de estar más cerca de Dios. Había terminado segundo de carrera. Hasta entonces, su vida espiritual había sido la normal entre los jóvenes católicos de la época: algunas oraciones a lo largo del día y la asistencia a la misa dominical con sus padres. Como muchos alumnos del colegio El Pilar, perteneció a la Congregación mariana allí establecida. Poco después de regresar a Madrid, conoció al Fundador del Opus Dei y, a través de él, Dios encauzó los deseos de conversión y de mejora espiritual que habían brotado en su interior con ocasión de la muerte de su padre.

cfr. ROTURANDO LOS CAMINOS, ed. Palabra, 2012, de D. José Carlos Martín de la Hoz

Agosto de 1937. Huida de las minas de Rodalquilar (Almería) e incorporación al ejercito en Madrid. Reencuentro con San Josemaría

JULIO DE 1937. RETRATOEn una meditación predicada por san Josemaría [el 7 de abril de 1937] en la Legación de Honduras, donde estaba refugiado, comentaba: “Yo padezco por aquellos miembros de la Obra, hijos míos, que están ausentes en la trinchera, en la cárcel, […]. Y Chiqui… ¡con cuánta paz nos cuentan que lleva sus sufrimientos! Tendrá sus cruces interiores pero también, como todos, sus consuelos; esos consuelos que Tú sabes dar. Pido por él y también por todos los que se encuentren en un trance difícil, sin conocerlo nosotros”.

En el diario que llevaba, Isidoro Zorzano recogió los desvelos de san Josemaría, de la madre de Chiqui y sus hermanos para encontrar un lugar a donde trasladar a José María cuando terminase el período de reclusión.

(…) Finalmente, después de cumplir su condena, fue puesto en libertad el 30 de junio de 1937. Se dirigió a casa de Francisco Botella, donde hablaron largamente. El 6 de julio salió rumbo a Alcalalí (Alicante), donde estaba Rafael Calvo Serer, uno de los primeros valencianos en pedir la admisión en el Opus Dei. Aunque fueron días gratos, al ser un lugar poco seguro, pocos días después, regresó a Valencia.

Tras varias gestiones, el 24 de julio optó por irse a trabajar a las minas de Rodalquilar, en Almería, propiedad de su familia, con su primo Gabriel Garnica, ingeniero de la explotación. Ya el 14 de agosto se recibió una carta en Madrid de Francisco Botella, en la que comentaba que José María debía salir de la mina porque había peligro para su vida. Efectivamente, sólo permaneció unas semanas porque los obreros le tendieron una emboscada en la que estuvo a punto de morir. Huyó de noche del pueblo y se trasladó en tren a Valencia.

En el vagón del tren donde tomó asiento, providencialmente, leyó un periódico que estaba en el suelo y allí encontró la noticia del nombramiento de un nuevo comandante de la caja de reclutas de Valencia, que resultó ser un compañero de armas de su tío Isidro, a quien había oído narrar aventuras de ambos. Llegado a Valencia, se presentó en la Caja de Reclutas y pidió hablar con el coronel. El amigo de su tío, al oír su nombre, le recibió muy bien. Después de un rato de conversación recordando los tiempos de la Academia militar, Chiqui le explicó su situación. Decidieron hacer abstracción del pasado y fue incorporado al ejército como si nunca hubiera pasado nada. Finalmente, fue destinado a transmisiones en Madrid, donde llegó el 21 de agosto de 1937.

Cuando Chiqui volvió a Madrid, el comportamiento incontrolado de las milicias revolucionarias en la capital había disminuido considerablemente y se podía circular con más tranquilidad.

El 23 de agosto, a primera hora, fue José María a saludar al Padre, que estaba refugiado en la Legación de Honduras. El encuentro fue de una gran emoción. Charlaron detenidamente y, al final de la conversación, recibió la comunión de manos de san Josemaría.

Selección de ROTURANDO LOS CAMINOS, ed. Palabra, 2012, de D. José Carlos Martín de la Hoz

La residencia Jenner; agosto de 1939

djmhLa residencia de estudiantes de la calle Ferraz número 16 que estaban instalando los miembros del Opus Dei y algunos amigos, en los días previos a la guerra civil, quedó completamente destruida durante el conflicto. Una vez llegada la paz, llenos de fe en Dios y de confianza en san Josemaría, se aprestaron a buscar otro lugar donde volver a empezar.

Las pesquisas dieron buenos resultados y en julio de 1939 ya estaban ultimando la instalación de una residencia de estudiantes en Madrid, en la calle Jenner nº 6. El 10 de agosto el Fundador bendijo la nueva sede. D. José María Hernández Garnica colaboró en los trabajos de búsqueda e instalación del inmueble. Por las tardes, mientras preparaba sus exámenes, ayudaba activamente en la tarea apostólica que se desarrollaba en aquel inmueble. Relataba Francisco Botella que: “se pasaba el día en Jenner y hacía mucha labor apostólica, con ese talante y sentido práctico que Dios le había dado”(1).

(1) ROTURANDO LOS CAMINOS, ed. Palabra, 2012, D. José Carlos Martín de la Hoz