La fe de D. José María Hernández Garnica

Se reproduce a continuación el texto de la ponencia de D. José Carlos Martín de la Hoz en la presentación de ROTURANDO LOS CAMINOS, Perfil biográfico de D. José María Hernández Garnica

Montalegre, 30 de mayo de 2013

IMG_3570Querido Señor Rector, queridos amigos. En primer lugar deseo agradeceros la amable invitación para presentar esta semblanza del Siervo de Dios José María Hernández Garnica, sacerdote del Opus Dei, Prelatura Personal de la Iglesia Católica, fundada por san Josemaría el 2 de octubre de 19281, precisamente en estos meses en los que estamos preparando su centenario. Además, me permite estar en esta querida ciudad de Barcelona y junto a los restos del Siervo de Dios en la capilla del Santísimo de Montalegre. Si os parece bien, voy a continuar en castellano para expresarme con mayor espontaneidad.

IMG_3558El hecho de que estemos viviendo el año de la fe convocado por el Santo Padre Benedicto XVI y refrendado por el Papa Francisco, nos ofrece un motivo para detenernos en la fe que animaba a D. José María Hernández Garnica en todo su quehacer.

IMG_3557Recordemos cómo un alto dignatario de la Santa Sede comentó en los años cuarenta que el Opus Dei había llegado con cien años de anticipación. Ese comentario no minó el ánimo del Fundador, ni de los que le seguían desde los primeros años. Bien conscientes eran, por una parte, del origen sobrenatural de la Obra y, de otra, que el Espíritu Santo era quien gobernaba la Iglesia. Así pues, Dios casaría las dos cosas2. Pasados los años llegarían, primero, la beatificación del Fundador y, luego, la canonización. Desde entonces el 26 de junio la Iglesia universal celebra la memoria de san Josemaría Escrivá de Balaguer3.

IMG_3556El Fundador del Opus Dei, además de vivir heroicamente la santidad, ayudó a muchas personas más a responder a los requerimientos del Espíritu Santo. Precisamente en 1933, al solicitar permiso para arreciar en sus penitencias, exhortaba a su confesor con estas palabras: “Mire que Dios me lo pide y, además, es menester que sea santo y padre, maestro y guía de santos”4. Debía ser maestro y guía de santos y, a través de la gracia de Dios, llevó a la práctica esa misión.

IMG_3572Efectivamente, a lo largo de estos años, entre algunos de los fieles del Opus Dei ya fallecidos, el Espíritu Santo ha ido suscitando una auténtica fama de santidad y favores de algunos de ellos. Ese es el caso del Siervo de Dios José María Hernández Garnica que entregó su vida a Dios en el Opus Dei el 28 de julio de 1935.

IMG_3581El Siervo de Dios, Doctor Ingeniero de Minas, Doctor en Ciencias Naturales, ejerció su profesión en la Empresa Electra de Madrid. Posteriormente, el 25 de junio de 1944, recibió la ordenación sacerdotal, de manos del obispo de Madrid Monseñor Leopoldo Eijo y Garay. Después, San Josemaría le encargó especialmente el impulso de la labor apostólica del Opus Dei entre las mujeres, lo que compaginó con otras muchas tareas sacerdotales por todo el país. Más tarde, desde 1957, marchó a desarrollar su ministerio sacerdotal en varios puntos de Europa. Trabajó en Inglaterra, Irlanda, Francia, Austria, Alemania, Suiza, Bélgica y Holanda. Falleció con fama de santidad en Barcelona el 7 de diciembre de 1972. El haber caminado por lugares tan distintos, en continua adaptación a diversas culturas y ambientes, le hace ser un buen ejemplo para la evangelización de la vieja Europa.

DSC_0024Este caso y en otros que podrían abrirse en el futuro, muestran esa corona de hijos que fueron fieles al espíritu del Opus Dei. Ojalá que del ejemplo y de la amistad con San Josemaría surjan otros muchos hombres y mujeres que, con la gracia de Dios, alcancen la santidad, y con ella iluminen el mundo. Puesto que los santos son modelos e intercesores del Pueblo de Dios, podemos preguntarnos ahora qué puede decirnos a nosotros la vida de D. Jose María5.

DSC_0032Precisamente el Papa Benedicto XVI en la Carta Apostólica Porta Fidei por la que convoca el año de la fe que estamos viviendo en la Iglesia se refiere al ejemplo de los santos, como hombres de fe: “Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 13, 8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban6. Dirijamos, por tanto, nuestra mirada a este Siervo de Dios, para descubrir en él un modelo de sacerdote que tenía fe y vida de fe.

DSC_0034Vamos a detenernos en esta ocasión en dos aspectos carácterísticos de la fe de D. José María: el primero, la fuerza dinámica que tenía y que se transformaba en una autentica vida de fe7. Y, en segundo lugar, trataremos de la fe en su vertiente apostólica que se manifestaba en D. José María en un afán incansable por dar a conocer y amar a Jesucristo a todos los hombres.

Vida de fe

DSC_0041El Santo Padre decía al comienzo de la Carta Apostólica Porta fidei: “«La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma8. Cruzar el umbral, por tanto, es un don de Dios. Un regalo inmenso que da sentido a la entera existencia. Pero una vez traspasada la puerta de la fe por el bautismo, existe el peligro de que esa fe recibida se quede sin desarrollar.

DSC_0026La libertad para entrar en la Iglesia, debe continuarse con la correspondencia a las mociones del Espíritu Santo. La fe sin respuesta del hombre podría quedar como congelada, es decir, convertida en un paquete de ideas o lo que sería peor en un ataúd de ideas. Este es, por tanto, uno de los grandes objetivos del año de la fe; promover una actitud en los cristianos de avivar la fe, de deseos de que la fe se transforme en vida de fe, es decir, meditación y asimilación de la fe y aplicación a la vida.

La primera manifestación de esa vida de fe es el realismo eucarístico. Se metía en Dios al celebrar la Misa: “Su amor a Dios era visible cuando celebraba la Misa. Sin distraerse se concentraba en las palabras, leía despacio con esfuerzo, pues él tendía a leer rapidísimo. Podía leer en diagonal, pero en la Misa se detenía en cada pausa y se esforzaba en pronunciar cada palabra9. También se recogía al impartir la bendición con el Santísimo, algunas de las primeras de la Obra recuerdan que comentaron entre ellas: “¡Cómo aprieta D. José María el copón contra su pecho, después de darnos la Bendición con el Santísimo!: ¡Le da un abrazo!10. Precisamente en los años posteriores al Concilio Vaticano II, donde se produjeron graves abusos en materia litúrgica, D. José María puso especial empeño en vivir con intensidad y unción la liturgia de la Iglesia. Sabía que sólo así podría orientar a los miembros de la Obra, y a las personas que atendía sacerdotalmente11.

DSC_0046Enseguida hemos de hablar de la convicción de que con la gracia de Dios podría vencer suss defectos. Su lucha por vencer la timidez fue constante a lo largo de su vida. Lo recordaba Lourdes Toranzo: “Una y otra vez le pedíamos a D. José María que nos hablase de estas cosas de familia; nunca sospechamos el esfuerzo de tantas horas seguidas de hablar sin pausa, venciendo aquella timidez que tanta molestia tenía que ocasionarle. Un día nos dijo: «Cuando llegué a la Obra, pensé que jamás podría pronunciar media hora de oración en voz alta; ni menos, dar una clase. Si ahora me dicen que, mientras siga hablando, no me ahorcan…, no me llega esa tortura; puedo hacerlo día y noche sin inmutarme»12.

DSC_0031Una vez ordenado sacerdote en 1944 se redoblaron los esfuerzos. En su humildad, D. José María, daba cuentas al Fundador del Opus Dei de cómo marchaba su destreza en la predicación: “Le hablaré fríamente como si hablase de otro señor que no me importase nada. Los chicos han quedado muy contentos; esa es la impresión que me dieron en las charlas. Según mi opinión propia, estoy todavía muy torpe y pobre de lenguaje, no se me ocurren palabras y la expresión (y tono de voz) es todavía muy monótona, aunque mejor que las otras veces. Se ha notado la ayuda que he tenido de todos los lados, porque yo solo hubiera sido peor que la catástrofe del «Machichaco»13. Conste que he escrito estas líneas mirando a la imagen de la Virgen que hay encima de la mesa y he procurado ser muy objetivo14.

Un par de años después continuaba con sus esfuerzos: “Veremos a ver que tal marchan los ejercicios de estos días: que el Señor me ayude, porque si no, vamos aviados. Me da siempre un pánico tremendo15.

IMG_3588A pesar de esas dificultades, san Josemaría le encargó de la formación litúrgica y pastoral de la promoción de sacerdotes del Opus Dei que se ordenaron en 1946; así lo expresaba: “A los diáconos, Padre, cada día se les ve hacer progresos en su modo de predicar y ya hablan muchísimo mejor. A mí me da una alegría inmensa porque veo que lo van a hacer muy bien16. Debió de dar buen resultado, pues continuó con esa tarea hasta 1957, cuando se trasladó a vivir a París.

Quizás porque había aprendido de san Josemaría, y por su carácter fuerte, tendía a exigir con fortaleza. Después, recogía a la persona para que no quedara herida, como también había aprendido de él. D. Alfonso Par recuerda su trato con él en Alemania: “Don José María nos echaba bastantes broncas. Siempre había un fallo claro por nuestra parte. La mayoría de las veces era falta de criterio o torpeza humana. Es posible que las reacciones, explosiones de D. José María, se debieran a su viveza, a no poder contenerse, impaciencia, etc., y también, quizá en los últimos meses, se sumaban las molestias de la enfermedad, por las dificultades en tragar, etc. Pero nos vinieron muy bien. Aprendí mucho, y yo, por mi parte, le estoy muy agradecido. «La letra con sangre entra», decimos en mi tierra. Así se me ha quedado grabado con mucha nitidez. Además, después de las broncas nos tendía una mano, nos recuperaba con cariño y con comprensión de hermano mayor, y restañaba las heridas que hubiera podido ocasionar. Si he recibido broncas -casi siempre merecidas- es mucho mayor el cariño y, desde luego, la ayuda que, en forma de broncas, he recibido de él17.

IMG_3603Un día –rememoraba Amelia Díaz-Guardamino– le comentó su esfuerzo por corregir a los demás con delicadeza: “El Fundador del Opus Dei le había preguntado si, aparte de los asuntos de gobierno que había tratado, tenía alguna preocupación personal de la que quisiera hablar. D. José María le comentó: «sí Padre, hay algo personal que me preocupa: que tengo mal genio y me enfado cuando se hacen las cosas mal». Nuestro Padre le tranquilizó, le dijo que siguiera luchando, que rezase, que rectificase para que nadie se quedara intranquilo, y que era bueno que tuviera un carácter fuerte, aunque esto le supusiera tener que luchar más, porque sólo así se podía sacar adelante la labor: «no se apalanca con un churro», le comentó18.

IMG_3602Es claro que el Siervo de Dios tenía un sexto sentido para detectar lo que fuera una desviación del espíritu del Opus Dei. Además, era muy consciente de la sobrenaturalidad de la Obra y, por tanto, de la necesidad de ser fieles. Escribía Carmen Mouriz19: “Era una persona de soluciones rápidas siempre que estaba en juego algo que rozara el espíritu de la Obra; detectaba lo importante y lo abordaba; no dejaba pasar nada que, a la larga, pudiera ser una falta de fidelidad. Las cosas -y menos las personas- no le pasaban inadvertidas”. Y, respecto a la formación de las personas, añadía: “tenía sentido positivo para todo, pero era lo más opuesto a la ingenuidad (…). Disculpaba siempre a los demás en sus equivocaciones o defectos y, al mismo tiempo, sin contemplaciones, tiraba de cada persona hacia Dios20.

IMG_3601En una carta a D. Álvaro del Portillo resumía su lucha: “Le pido al Señor que te haga buen instrumento para ayudar al Padre cada día mejor y para que sigas siendo alegre y eficaz. No te olvides de pedir por este compañero de fatigas. Puedo decirte que estoy muy contento y que incluso he de reconocer que mi vida interior tiene un cauce sereno y lleno de paz. Únicamente tengo a veces temor de no saber hacerlo bien, aunque procuro poner todo lo que tengo. El buen humor no me falta y el genio lo tengo esta temporada dominado ¡será la gracia de Dios!21

Vida apostólica

IMG_3600San Ignacio de Antioquía en los albores del siglo II, mientras caminaba preso lentamente hacia su martirio en Roma escribía a los de Efeso y les denominaba con el sugerente título de “portadores de Dios22, impulsándolos, de ese modo, a la evangelización: “Y por los otros hombres «rogad sin cesar» (1 Tes 5,17), porque hay en ellos esperanza de conversión, a fin de que alcancen a Dios. Permitidles que por las obras aprendan de vosotros23.

Esa afirmación final de san Ignacio es clave: “Permitidles que por las obras aprendan de vosotros”. La fe manifestada en la vida personal, en las obras de cada día que reflejan la presencia de Dios en el alma, puede ser camino para la conversión a Cristo de los demás. D. José María fue toda su vida portador de una luz, la luz de la fe. Siguiendo el consejo de san Ignacio de Antioquía, la vivía y la transmitía con su vida. Contagiaba fe. Esta es una gracia divina que él recibió y que hoy puede enseñarnos a pedir y a practicar.

IMG_3598Esto es lo que nos recuerda Benedicto XVI en la Porta fidei: “Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera24. Precisamente D. José María a los ojos de aquellos jóvenes que le conocieron en los años cuarenta y cincuenta, era un modelo de fidelidad a Dios a través de su fidelidad a San Josemaría, les enseñaba a vivir la fe con su propia vida de fe. Le veían rezar, confiar en Dios, reaccionar con fe ante las dificultades y exigirse en el ejercicio de la penitencia.

IMG_3597No fueron fáciles los comienzos y el desarrollo de la vida del Opus Dei, pues no faltaron desde el principio la incomprensiones y dificultades. Las cruces son importantes para el camino de la santidad y para el fortalecimiento de las obras divinas. Así se entiende el valor de las dificultades de todo tipo por las que tuvo que pasar el Fundador del Opus Dei, como todos los santos de la Iglesia. En esas contrariedades su respuesta de fe propició que Dios le aumentara la virtud de la fe, transformándola en vida de fe. La paciencia, la tenacidad, la fortaleza ante las calumnias, incomprensiones, la falta de respuesta, etc.,

En el perfíl biográfico del Siervo de Dios José María Hernández Garnica25 que estamos presentando se pueden leer algunas cartas dirigidas al Fundador del Opus Dei. Deseo ahora referirme a dos de ellas escritas en 1958 desde París en los comienzos del Opus Dei en aquellas tierras. En aquellos años, D. José María se enfrentó al problema del desaliento ante la escasez de frutos apostólicos: una característica en las obras de Dios, que requieren la roturación de la oración y el sacrificio hasta que Él envía los primeros frutos. De hecho, en París, donde llevaban trabajando varios años sin muchos frutos tangibles, notaban esa paciente espera. El Siervo de Dios lo expresaba así: “Todos en casa contentos, solamente Padre necesitan inyecciones de optimismo. Lo comprendo porque tienen encima todo el trabajo de estos años pasados. Mañana tenemos retiro y parece que vendrán algunos muchachos. Nos da alegría que vayan respondiendo, aunque si no viniese nadie, también nos alegraría porque sabemos que todo el trabajo es útil y fructífero26.

IMG_3596Anotemos el realismo y el sentido sobrenatural con el que se desenvolvía: “Mañana tenemos un retiro. Hemos preferido hacerlo el sábado por la tarde; parece que es más fácil encontrar gente para esas horas. Después del retiro daremos una cena fría (claro es, que pagando) y así podemos organizar luego una tertulia. Hay nueve ya comprometidos, cosa para aquí insólita. Estoy seguro de que, si somos fieles, el año que viene serán 900 en los retiros de estudiantes jóvenes que organicemos en Francia27.

IMG_3595También podemos subrayar la vida de fe heroica de vivir para Dios sin ver los frutos. Amparo Martín de Rosales, directora de la residencia de Lovaina, decía: “A D. José María, desde que se fue al cielo, siempre le he pedido muchas cosas, nunca he dudado que le veríamos en los altares”. Y un poco más adelante narraba esta ilustrativa anécdota: “Debió de ser a finales de 1971 cuando le vi por última vez. En septiembre preparábamos el comienzo del curso en la residencia, Maite Ripoll, Mª Carmen Rodríguez Eyré y yo. Vino una residente a avisarnos que D. José María había llegado. Del tercer piso donde estábamos, bajamos al vestíbulo; estaba sentado en una sillita; con esa capacidad de adivinar que tenía, notó que nos preocupaba algo y nos preguntó: «pero ¿qué os pasa?». Las tres nos sentamos y le contamos: llevamos años aquí, somos amigas de las residentes, rezan, trabajamos juntas, se confiesan, hacemos visitas a los ancianos con ellas pero cuando les planteamos una posible entrega a Dios en el Opus Dei nos dicen que no; unas en francés y otras en flamenco, pero dicen no. Nos miró con muchísimo cariño y nos dijo: «Desde ahora repetid al Señor. Señor no nos trates como personas mayores sino como niños que necesitan ver los resultados. Danos vocaciones pronto». Unos meses después pidieron la admisión a la Obra tres amigas nuestras. D. José María ya estaba en España, enfermo, moría el 7 de diciembre de 1972”28.

IMG_3593Una parte de la vida de fe es, por tanto, aplicar la doctrina del poder de Dios, de la confianza en Dios, y de la seguridad en Dios. Ahí se encuentra la raiz del optimismo que vivía D. Jose María habitualmente y la audacia para poner en marcha proyectos apostólicos de envegadura en Europa: Colegios Mayores, edición de Camino en distintas lenguas, instalación de centros, tareas educativas, iniciativas en el campo de la comunicación, etc. Precisamente cuando no había personas ni dinero.

Esa fe que san Josemaría vivió y enseñó a otras personas, les llevaba a confiar en Dios y en la respuesta de las personas. Mons. Javier Echevarría recordaba como el 18 de septiembre de 1970, alguien le preguntó: “Padre, usted, ¿en quién espera?. Respondió inmediatamente: «espero en Dios, que es mi Padre; en la Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra; y en vuestra fidelidad a Dios. Nunca he contado con los medios humanos para salir adelante; pero tened confianza: Dios está con nosotros y no nos abandona, si nosotros no le abandonamos»29.

IMG_3589Terminaremos refieriéndonos a la confianza de D. José María en la intercesión de la Virgen Santísima, por ejemplo en su visita a Covadonga en el verano de 1972. Quedaban tres meses para su fallecimiento, apenas podía articular palabra. Celebraba la Misa en la Santina. No hubo milagro y el ruido del agua parecía impedir su voz, pero aquellos peregrinos necesitaban unas palabras de aliento y las tuvieron.

Que nuestra conversación con Dios y con la Virgen no decaiga, así no se enfriará nuestra fe y podremos acometer con constancia las tareas apostólicas habituales y las aventuras que el Espíritu Santo nos proponga.

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1 Cfr. A. de FUENMAYOR, V. GOMEZ IGLESIAS y J. L. ILLANES, El Itinerario jurídico del Opus Dei, ed. EUNSA, Pamplona 1989.

2 Cfr. A. VÁZQUEZ DE PRADA, El Fundador del Opus Dei, ed. Rialp, Madrid 2003, Vol. III, p. 23.

3 Cfr. F. CAPUCCI, Josemaria Escrivá, santo: l’iter della causa di canonizzazione, ed. Ares, Milano 2008.

4 A. VÁZQUEZ DE PRADA, El Fundador del Opus Dei, op. cit., Vol. I, p. 554.

5 Cfr. CONGREGACIÓN PARA LAS CAUSAS DE LOS SANTOS, Instrucción Sanctorum Mater, arts. 4 y 5. Texto completo en AAS 99 (2007) 465-510. Cfr. J. C. MARTÍN DE LA HOZ, La Instrucción Sanctorum Mater. Comentario, en Ius Canonicum, 50 (2010) 281-291.

6 BENEDICTO XVI, Porta Fidei, n.16.

7 Cfr. J. ECHEVARRÍA, Carta Pastoral con motivo del año de la fe, Roma 29.IX.2012, n.29. Cfr. SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, II-II, q. 9, a. 3.

8 BENEDICTO XVI, Porta Fidei, n. 1.

9 Testimonio de José Gabriel de la Rica, IV.1.45.

10 Testimonio de Dorita Calvo, IV.1.10.

11 Para la situación creada entre los fieles, cfr. J. RATZINGER, Informe sobre la fe, op. cit pp. 131‑143

12 Testimonio de Lourdes Toranzo Fernández, AGP, JHG, T-00058, pp. 1-2. “Sin hacer ni decir nada que le permitiese vanagloriarse, sino únicamente para que nos moviera a ser más generosas en la entrega, comentaba que desde sus primeros años de vocación había pedido al Señor ‑y seguía haciéndolo‑ no acostumbrarse nunca a las cosas que le costaban; pedía que le siguiesen costando, para poder ofrecérselas a Dios”. Testimonio de Carmen Mouriz García, AGP, JHG, T-00037, p. 3.

13 El Vapor Machichaco fue un buque cuya explosión accidental en 1893 por causa de un incendio, provocó en el puerto de Santander 590 muertos y cuantiosos heridos, en lo que se ha denominado la mayor catástrofe civil en la España del siglo XIX.

14 Carta de José María Hernádez Garnica a san Josemaría Escrivá de Balaguer, Valencia 7.XI.1944, AGP, JHG, A-374.

15 Carta de José María Hernández Garnica a san Josemaría Escrivá de Balaguer, Barcelona 27.II.1946, AGP, JHG, A-444.

16 Carta de José María Hernández Garnica a san Josemaría Escrivá de Balaguer, Barcelona 6. VIII.1946, AGP, JHG, A-470.

17 Testimonio de Alfonso Par Balcells, AGP, JHG, T-00043, p. 9.

18 Testimonio de Amelia Díaz-Guardamino Echeverría, AGP, JHG, T-00015, p. 15.

19 Carmen Mouriz García. Nació en Madrid en 1925. Pidió la admisión en el Opus Dei en 1948. Estuvo en Roma (1955‑1956) y Alemania (1957‑1968). Formó parte de la Asesoría Central de 1969 a 1973.

20 Testimonio de Carmen Mouriz García, AGP, JHG, T-00037, p. 5.

21 Carta de José María Hernández Garnica a Álvaro del Portillo, Londres, 7.VII.1966, AGP, JHG, A-1164.

22 IGNACIO DE ANTIOQUÏA, Carta a los efesios, en Padres Apostólicos, ed. Ciudad Nueva, Madrid 2000, IX, 2.

23 Ibid, X, 1.

24 BENEDICTO XVI, Porta Fidei, n. 15.

25 Cfr. J. C. MARTÍN DE LA HOZ. Roturando los caminos. Perfíl biográfico de José María Hernández Garnica, Madrid 2012, 250 pp.

26 Carta de José María Hernández Garnica a san Josemaría Escrivá de Balaguer, París, 22.II.1958, AGP, JHG, A-856.

27 Carta de José María Hernández Garnica a san Josemaría Escrivá de Balaguer, París, 14.III.1958, AGP, JHG, A-861.

28 Testimonio de Amparo Martín de Rosales Garrido, AGP, JHG, T-00033, p. 2.

29 J. ECHEVARRÍA, Memoria del beato Josemaría, ed. Rialp, Madrid 2000, p. 246.

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Una respuesta a La fe de D. José María Hernández Garnica

  1. Ana Costa dijo:

    Muchísimas gracias por dejar en el blog la ponencia que nos permitirá disfrutarla a los que nos fue imposible acudir.
    Ana C.

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