Presentación de D. José Carlos Martín de la Hoz

Recogemos a continuación el texto base de D. José Carlos Martín de la Hoz en la presentación de “ABRIENDO HORIZONTES. Semblanza de José María Hernández Garnica”

Facultad de Comunicación Blanquerna, 20 de mayo de 2010

Abriendo horizontes

Vista del estrado

“Desitjo en primer lloc agrair al rector de l’Església de Montalegre i a la direcció de l’Associació d’amics del Dr. José María Hernández Garnica l’amable invitació que m’han cursat per estar aquesta tarda aquí. També agrair l’afecte i la professionalitat que han posat en aquesta acurada edició de la meva semblança del Servent de Déu José María Hernández Garnica. Donat que els sants són eternament agraïts, estic segur que aquest esforç serà compensat amb gràcies del cel i la seguretat de les seves oracions davant de Déu Nostre Senyor. Sento no poder parlar amb fluïdesa el català, de manera que els demano disculpes i venia per prosseguir en castellà.”

Deseo en primer lugar agradecer al Rector de la Iglesia de Montealegre y a la dirección de la Asociación de amigos de D. José María Hernández Garnica la amable invitación que me han cursado para estar esta tarde aquí. También agradecer el cariño y la profesionalidad que han puesto en esta bella edición de mi semblanza del Siervo de Dios José María Hernández Garnica. Como los santos son eternamente agradecidos, estoy seguro que este esfuerzo será compensado con gracias del cielo y la seguridad de sus oraciones delante de Dios. Siento no poder hablar con fluidez el catalán, por lo que les pido disculpas y venia para proseguir en castellano.

Sala de la conferencia

En los años 60, en una entrevista concedida por el Fundador del Opus Dei a un periodista italiano decía estas palabras: “La Obra no se basa en el entusiasmo, sino en la fe. Los años del principio –largos años– fueron muy duros, y sólo se veían dificultades. El Opus Dei salió adelante por la gracia divina, y por la oración y el sacrificio de los primeros, sin medios humanos. Sólo había juventud, buen humor y el deseo de hacer la voluntad de Dios. Desde el principio, el arma del Opus Dei ha sido siempre la oración, la vida entregada, el silencioso renunciamiento a todo lo que es egoísmo, por servir a las almas” (Conversaciones con Josemaría Escrivá de Balaguer, ed. Rialp, Madrid 1987, n.68).

En estas palabras hay un apretado resumen del espíritu del Opus Dei y también un delicado elogio de quienes siguieron a su Fundador en los primeros años, cuando estaba todo por hacer. Vivieron de su fe en Dios y de su confianza en San Josemaría. Ese es el caso del Siervo de Dios José María Hernández Garnica que entregó su vida a Dios en el Opus Dei el 28 de julio de 1935

Una de las preguntas

El Siervo de Dios, Doctor Ingeniero de Minas, Doctor en Ciencias Naturales, ejerció su profesión en la Empresa Electra de Madrid. Posteriormente, el 25 de junio de 1944, recibió la ordenación sacerdotal, de manos del Arzobispo de Madrid Monseñor Leopoldo Eijo y Garay. Después, San Josemaría le encargó especialmente el impulso de la labor apostólica del Opus Dei entre las mujeres, lo que compaginó con otras muchas tareas sacerdotales por todo el país. Más tarde, marchó a desarrollar su ministerio sacerdotal en varios puntos de Europa. Trabajó en Inglaterra, Irlanda, Francia, Austria, Alemania, Suiza, Bélgica y Holanda. Falleció con fama de santidad en Barcelona el 7 de diciembre de 1972. El haber caminado por lugares tan distintos, en continua adaptación a diversas culturas y ambientes, le hace ser un buen ejemplo para la evangelización de la vieja Europa.

Este caso y en otros que podrían abrirse en el futuro, muestran esa corona de hijos que fueron fieles al espíritu del Opus Dei. Ojalá que del ejemplo y de la amistad con San Josemaría surjan otros muchos hombres y mujeres que, con la gracia de Dios, alcancen la santidad, y con ella iluminen el mundo.

Los santos: amigos de Dios y de los hombres

Al final de la presentación

El Santo Padre Benedicto XVI en la Encíclica Deus Caritas est se planteaba una pregunta muy interesante: ¿Cómo puedo amar a quien no veo? En la respuesta tenemos la clave de mis palabras de esta tarde: “De hecho, Dios es visible de muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, Él sale a nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la Última Cena, hasta el Corazón traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que Él, por la acción de los Apóstoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente. El Señor tampoco ha estado ausente en la historia sucesiva de la Iglesia: siempre viene a nuestro encuentro a través de los hombres en los que Él se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía. En la liturgia de la Iglesia, en su oración, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos también a reconocerla en nuestra vida cotidiana” (n.17).

En efecto, a través de las vidas de los cristianos que han sido fieles hasta la muerte, se muestra el rostro amable de Jesús. En ese cruce diario de lo temporal con lo eterno, de lo finito con lo infinito, de lo natural con lo sobrenatural, los santos son un ejemplo de la felicidad que da la amistad con Jesucristo.

Dedicando un ejemplar al jefe de prensa de la F.C. Blanquerna

De entre todos los santos, de aquellos que han alcanzado la bienaventuranza, el Espíritu Santo escoge algunos para que sean modelos e intercesores delante del Pueblo de Dios. Hoy, como en toda la historia de la Iglesia, existen santos y se abren nuevos procesos de canonización. En el pontificado de Juan Pablo II han sido elevados a los altares un buen número de ellos. Hombres y mujeres de toda clase y condición. Benedicto XVI ha proseguido ese camino.

Precisamente Benedicto XVI, el 24 de abril de 2006, con ocasión de la sesión plenaria de la Congregación para las Causas de los santos, recordaba que para poner en marcha un proceso de canonización es esencial la fama de santidad: “Es evidente que no se podrá iniciar una causa de beatificación y canonización si no se ha comprobado la fama de santidad, aunque se trate de personas que se distinguieron por su coherencia evangélica y por particulares méritos eclesiales y sociales”.

Efectivamente, el motor de una causa de canonización es la fama de santidad y favores de un Siervo de Dios. Una vez concluido el proceso diocesano del Siervo de Dios José María Hernández Garnica, queda esperar el juicio de la Iglesia. Mientras, lo que debemos hacer nosotros es meditar sobre su vida y acudir a su intercesión.

Dedicando un ejemplar de su libro a Mayte y Emili

¿Qué significa el Siervo de Dios José María Hernández Garnica para las personas, de todo tipo y condición, que acuden a él, como intercesor ante Dios? La respuesta es sencilla: un amigo. Los santos son amigos de los hombres: un amigo que está siempre a nuestro lado para ayudarnos a alcanzar la meta de la vida, que es la otra Vida.

Todos los hombres hemos recibido la invitación de Dios a su intimidad en medio del mundo, D. José María es un amigo que ya ha recorrido ese mismo camino, y ahora de algún modo, regresa y se pone a nuestro lado a recorrerlo, manteniendo a la vez la mirada en Dios y, desde Dios, la mirada en nosotros.

Hace unos treinta años, un malagueño de Antequera regresaba a su casa en aquella preciosa ciudad andaluza. Venía de Sevilla, donde había conocido al Fundador del Opus Dei. Reunió a sus hijos y les dijo: he conocido a una persona santa que me ha enseñado a amar a Dios en el trabajo profesional. Y como trabajar, trabajar, tenemos todos que trabajar; he pensado que deberíais conocerlo, pues así matáis dos pájaros de un tiro: trabajáis y encontráis a Dios, que es lo que os llevará al cielo.

Se cumple a la letra lo que tantas veces hemos visto en la historia de la Iglesia. Los santos son amigos de Dios y de los hombres. Han recorrido su camino y han alcanzado la bienaventuranza, y ahora están junto a nosotros con la fuerza del ejemplo de sus vidas y con la constante intercesión ante Dios, para nuestras necesidades materiales y espirituales.

El cristianismo, camino de amor

Dedicando más libros

La primera necesidad de los hombres es descubrir y conocer el amor de Dios. Sólo así se puede alcanzar la plena felicidad en la tierra y en el cielo. Un camino que significa ante todo enamoramiento. Pues el cristianismo es camino de amor, de plenitud de amor. Es lo que nos recuerda Benedicto XVI en su primera Encíclica: “Vivir el amor y, así, llevar la luz de Dios al mundo: a esto quisiera invitar con esta Encíclica” (Deus caritas est, n.39). Por tanto no basta con estar en la Iglesia y dejar que pasen los años. Es preciso vivir un amor apasionado por Jesucristo.

Esta era la tarea que desarrolló D. José María, enseñar a amar a los hombres y mujeres que se acercaron a él a lo largo de la vida. Les sugería prácticas de piedad, un plan de vida, corriente, pero con horizontes de santidad. Con llamada de plenitud y de heroicidad. Una heroicidad que significaba el ejercicio de las virtudes, que para un cristiano en medio de la calle significan sencillamente constancia y perseverancia en el amor.

Así la tarea pastoral de D. José María se centraba en dar una formación intensa a los hombres y mujeres que se acercaron a él. Bien consciente era de la necesidad del conocimiento de Dios, por eso junto a la piedad, estaba el conocimiento de la doctrina.

La urgencia de evangelizar

Salundando al Dr. Blasi, que ha colaborado en la edición en catalán

Vivimos una sociedad cada vez más globalizada, con un constante entrecruzamiento de ideas y de opiniones, donde hay una casi ilimitada libertad de expresión. Además, se han alcanzado altas cotas de desarrollo cultural. Hoy, es más necesario que nunca evangelizar, para orientar el caminar de los hombres. Por eso la apología de la fe, de otros tiempos, cobra renovados acentos. En 1939, escribía San Josemaría en Camino: “Antes, como los conocimientos humanos -la ciencia- eran muy limitados, parecía muy posible que un solo individuo sabio pudiera hacer la defensa y apología de nuestra Santa Fe. Hoy, con la extensión y la intensidad de la ciencia moderna, es preciso que los apologistas se dividan el trabajo para defender en todos los terrenos científicamente a la Iglesia. -Tú… no te puedes desentender de esta obligación”. (Camino n.338).

Los hombres y mujeres de nuestro tiempo tienen, más que nunca, sed de Dios. Por eso hemos de estar los cristianos capacitados, por el amor de Jesucristo y el conocimiento de su doctrina, para dar razón de nuestra fe.

Hay en el mercado obras escritas y material audiovisual, más que suficientes: todo lo necesario, y a todos los niveles, para profundizar en la fe. Además, existen muchas instituciones en donde pueden seguirse cursos de formación a todos los niveles: desde la catequesis familiar hasta estudios a nivel universitario. Con esa formación renovada el cristiano puede realizar un apostolado sencillo de persona a persona, de alma a alma.

El gran tesoro de la Iglesia son los cristianos. Estamos viviendo una época de especial intensidad, donde más que nunca, el mundo necesita santos, que muevan a otros a buscar la santidad. Se trata de una llamada universal a la paz y al amor. Los cristianos hemos de vivir nuestra fe en plenitud, para iluminar el mundo de amor desde dentro de la sociedad.

Terminemos recordando que los santos son, sencillamente, amigos de Dios. Acudamos con confianza a su intercesión delante de Dios para pedir favores, fáciles o difíciles, y seamos agradecidos para escribirlos.

Barcelona, 20 de mayo de 2010

Prof. Dr. D. José Carlos Martín de la Hoz

Miembro de la Academia de Historia Eclesiástica

Oficina para las Causas de los Santos del Opus Dei en España

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