Mesa redonda sobre D. José Mª Hernández Garnica

El pasado jueves, 18 de febrero, a las 19h. se celebraró en el salón de actos de Montalegre una mesa redonda sobre la figura de D. José María Hernández Garnica.

El acto comenzó con unas palabras de bienvenida de Mn. Francesc Perarnau, rector de Montalegre, en las que presentó al equipo que se ha constituido en la iglesia para dar a conocer la figura de este siervo de Dios y difundir su devoción privada. A continuación Joaquím Burgués, presidente de este comité, expuso sus objetivos más inmediatos y su ilusión para que la figura de D. José Mª sea cada vez más conocida en muchos hogares, alentando a los presentes a colaborar en este empeño.

La parte central del acto consistió en la proyección del DVD “Por los caminos de Europa”, que recoge una semblanza de la vida de D. José Mª Hernández Garnica, de Producciones Goya.

Se concluyó con las intervenciones de dos personas que le trataron en vida.

En primer lugar, María Jesús Luna contó sus recuerdos de los años que pasó en París, como Vicario Regional, y otros sucedidos en torno a algunas iniciativas apostólicas del Opus Dei en España. Resaltó su fuerte personalidad, unida a una gran humildad. Una notable capacidad de apertura para hacerse a otras mentalidades y una gran sensibilidad de comprensión, y acogedor, que hacían que todos se sintieran plenamente comprendidos. Cariño y fortaleza para corregir, consciente de la importancia de vivir con fidelidad el espíritu de la Obra que el Señor había puesto en manos de San Josemaría.

Cerró el acto Antonio Gil, que, junto a otros recuerdos, centró sus comentarios sobre los últimos momentos de su enfermedad y fallecimiento, en Barcelona, el 7 de diciembre de 1972. Resaltó su personalidad acusadísima: optimista y alegre, acogedor, lleno de naturalidad; claro e inmediato. Corrigiendo cuando era necesario; pronto a pedir perdón. Explicó con detalle el último encuentro de San Josemaría con D. José Mª Hernández Garnica, en el Centro del Opus Dei de la C/. Balmes, el miércoles 22 de noviembre de 1972, ya muy avanzada su enfermedad, sin apenas poder hablar. Al despedirse de San Josemaría, D. José María inició el gesto rápido de arrodillarse para besarle los pies. San Josemaría, al darse cuenta, tomó a D. José María de los brazos y le dijo, en tono aragonés, “Chiqui, tengamos la fiesta en paz”. Lo levantó, le dio dos besos y un abrazo y nuestro Padre se marchó; se le caían las lágrimas. El mismo San Josemaría se refiere a este encuentro en algunas tertulias, que se recogen en el DVD que se acababa de ver. Terminó su intervención recordando la corona de flores que se recibió en el velatorio de D. José Mª con una tarjeta, escrita con letra femenina, que decía “A nuestro D. José María”, como un recuerdo a su amplia labor sacerdotal en la atención de los apostolados promovidos por mujeres de la Obra.

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